Besos

Un pequeño gesto con mucho poder

 

Escribo en sábado, ahora mismo en el AVE, me he levantado a las 5.00 h de la mañana y llegaré a casa más tarde de las 23.00 h. Esta semana no he podido parar un momento –clases en la universidad, en un mes en el que coinciden varios programas a la vez, preparación de propuestas, acabando un nuevo programa y sesión de consejo de administración- y la semana próxima pinta igual… Y, para sumar a esa actividad frenética, alguna preocupación, algún momento de nervios y alguno triste. Así es la vida… aunque sería injusto no agradecer los momentos bonitos que ha tenido esta semana. Me quedo con una maravillosa visita al Museo Reina Sofía -una delicia poder disfrutar de Miró, Picasso y Dalí, en un espacio precioso, un soleado día de primavera, el arte es siempre una gran terapia anti estrés- y con el día internacional del beso (día 13 de abril), que se me habría pasado, si no me lo hubiera recordado mi hija –supongo que me lo recordó porque soy muy de besos, porque mis hijos saben que no puedo pasar cerca de ellos sin darles un beso… de verdad, ¡no puedo!-.

Pequeños regalos de nuestro día a día que debemos valorar: los momentos especiales y, por supuesto, los besos.

 

Besos, un pequeño gesto con mucho poder 

¿Qué son los besos? Según el diccionario, son «contacto o presión que se hace con los labios sobre una persona o una cosa, contrayéndolos y separándolos, en señal de amor, afecto, deseo, saludo, respeto…».

Así de simple, así de complejo.

Un simple gesto, que encierra una tormenta de sensaciones, de reacciones químicas y físicas en el cuerpo. Emocionalmente son un tsunami.

Y no solo a nivel emocional, a nivel físico tampoco se quedan cortos. Los besos activan 30 músculos faciales, transfieren 9 mg de agua y 0’45 mg de sales minerales, y se queman 15 calorías -aunque, atención, debe ser un beso de tres minutos -.

La combinación es explosiva. El beso es placer, porque de todos los órganos erógenos, la boca es el que está más cerca del cerebro, el centro donde se producen las emociones. Así lo explicaba Piergiorgio M. Sandri  en “El beso: qué es y cómo funciona, señalando que “al besarse, las actividades nerviosas que se activan implican un área cerebral incluso más amplia que la relacionada con los genitales”.

Cuando una persona funde los labios con su pareja en un beso apasionado, las pulsaciones cardiacas pasan de 60 hasta 130 por minuto, se libera adrenalina y baja la tasa de colesterol. Al intercambiarse bacterias, parece que también se refuerza el sistema inmunitario. Todo expuesto en un estudio de la universidad de Viena.

En otro estudio de la Universidad de Ontario, el profesor Arthur Sazbo ha demostrado que en las parejas que se despiden con un beso hay menos absentismo laboral, menos accidentes de tráfico, el salario es un 25% mayor, las personas tienen más energía y su esperanza de vida se alarga en 5 años. El beso otorga una actitud más positiva que impacta en la vida de las personas.

 

¿Para qué sirven los besos?  

Un estudio de la Universidad de Albany –Nueva York– publicado en Evolutionary Psychology, apuntaba que el primer beso es clave para que un a persona decida si continuar la relación. El primer beso actúa como una especie de filtro, es como si existiera un mecanismo en el subconsciente que detecta si hay alguna incompatibilidad de tipo genético, señalan los investigadores. Así que el hecho de besar bien o mal tiene su impacto, porque hacerlo mal puede hacer fracasar una relación incipiente, lo demuestran los datos: el 58% de los hombres y el 66% de las mujeres encuestados en ese trabajo admitieron que después del primer beso pusieron fin a un romance.

La saliva que se intercambia en un beso da información a nuestro cerebro. Así lo explica este artículo sobre el efecto de los besos. El cerebro analiza esa información sensible que recibe, y si la respuesta a ese estímulo del beso es positiva –respuesta que se obtiene en décimas de segundo– comienza a segregar una serie de neurotransmisores (sustancias químicas que comunican unas neuronas con otras) y los protagonistas del beso empiezan a notar sus efectos. Se produce entonces una serie de reacciones químicas, que van a depender del tipo de neurotransmisores que segregue, del porcentaje y del equilibrio entre ellos. Los expertos describen cuatro neurotransmisores básicos que se despiertan con el beso:

Dopamina: que nos hace sentir placer y bienestar.

Serotonina: con la que sentimos excitación y optimismo, aunque también puede tener un efecto de ira y agresión, en los casos de rechazo a la pareja.

Epinefrina: que aumenta la frecuencia cardiaca, el tono muscular y la sudoración, por eso sentimos calor y que el corazón se acelera.

La oxitocina: que genera apego y confianza.

Ya ves, el primer beso dice muchas más cosas de las que imaginabas. Será por eso que recordamos perfectamente cómo y dónde fue ese primer beso, y es imposible pensar en ese beso sin que se te escape una sonrisa involuntaria.

Los estudios han medido también el tiempo que dedicamos a besar, y nos indican que las personas dedican el equivalente a dos semanas de su vida a besos. Sinceramente, a mí me parece poco…

Todo esto es parte de lo que nos dicen los estudios científicos sobre los besos. Los besos tienen su función, y nos gustan porque desatan una tormenta química en nuestro cuerpo.

Distintas publicaciones han hecho su particular ranking con los mejores besos de película, donde suelen aparecer besos de películas como “El diario de Noah” (2004), “Love actually” (2003), “De aquí a la eternidad” (1953), “Casablanca” (1942), “Lo que el viento se llevó” (1939), “Spiderman2 (2002), … listas que se van actualizando año tras año, aunque no han sumado ningún beso “de película” en 2020 ni 2021, por razones obvias, estamos en momento de escasez (de besos y de contacto), los besos con mascarilla, los besos online… no son lo mismo. ¿Será por eso que todavía los valoramos más? Nos gustan los besos.

Y tu beso preferido no está en esas listas… porque tu mejor beso ha sido real, mirando a los ojos, hasta que se cerraron sin saber cómo… –y fíjate en cómo estás sonriendo al recordarlo…–.

Besos. Esos besos que empiezan en una mirada y no quieres que terminen, esos besos que surgen sin pensar –no diré sin querer– y después no puedes dejar de pensar en ellos.

Besos, como los que das todos los días a las personas que quieres.

Porque esos besos te hacen sentir bien.

Así que, no es extraño que necesites besos.

Será cuestión de hacer subir el nivel de dopamina, serotonina, epinefrina y oxitocina

–y ya sabes quién es la persona adecuada para hacerlos subir…–

Besa… porque la felicidad no está en grandes cosas que solo suceden una vez en la vida, suele estar en esas pequeñas cosas que suceden todos los días y que, con frecuencia, no valoramos.

 

Y hoy me resulta imposible decidirme por una sola canción. En mi ranking de canciones de besos –donde hay 10 que me encantan-, me quedo con las dos finalistas ahora mismo: la clásica “Kiss me” de Ed Sheeran porque es inigualable por dulce, por bonita y por romántica

 

Y “Kiss me more” de Doja Cat, porque me encanta el estilo irreverente y sexy de Doja – imposible escucharla y no bailar-

Can you…

kiss me more?

 

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