REDISEÑAR LA IGUALDAD

Mirar donde nadie mira

 

¿Y si el verdadero obstáculo para la igualdad de género fuera pensar que ya la hemos alcanzado?

Los informes globales hablan de pequeños progresos lentos y desigualdades que aún no se cierran. Sin embargo, en la conversación pública gana fuerza la idea de que la discriminación de género pertenece al pasado. El progreso femenino en ámbitos clave ha alimentado esta sensación de logro colectivo, mientras crecen voces que consideran innecesarias las políticas de igualdad. La evidencia, no obstante, apunta a otra realidad: la desigualdad persiste, pero adopta formas más sofisticadas y difíciles de identificar.

Hoy quiero compartirte el “Informe de Brecha de Género 2026 – La desigualdad que no se ve”, un informe que he dirigido un año más desde OBS Business School – Grupo Planeta Formación y Universidades.

 

Tres conclusiones que no deberías pasar por alto

En formato rápido, comparto aquí 3 conclusiones esenciales del informe

Existe una brecha entre desigualdad real y desigualdad percibida

Mientras los indicadores internacionales muestran avances lentos y desigualdades persistentes, cada vez más personas creen que la igualdad ya se ha alcanzado.

Esta distancia entre percepción y realidad no es un detalle menor. Cuando piensas que el problema ya está resuelto, dejas de priorizarlo. Y cuando deja de estar en la agenda pública, empresarial o política, la desigualdad se vuelve más difícil de transformar.

La desigualdad hoy es invisible

En 2026, el mayor problema de igualdad no es lo evidente. Es aquello que pasa desapercibido.

Los cuidados no remunerados.

La carga mental.

Los sesgos en el diseño de la salud, la tecnología o las organizaciones.

La ausencia de datos que incorporen la experiencia femenina.

Cuando algo no se mide, no se gestiona. Y cuando no se gestiona, se perpetúa.

La economía funciona gracias a un trabajo que no aparece en el PIB

Cada día se realizan más de 16.000 millones de horas de trabajo no remunerado en el mundo. Cocinar, limpiar, cuidar, acompañar, organizar.

Si este trabajo se contabilizara económicamente, su valor podría superar el 20 % del PIB, según estimaciones realizadas en distintos países que han intentado cuantificar el impacto monetario de estas actividades.

Y, sin embargo, sigue siendo una de las mayores infraestructuras invisibles del sistema económico.

 

Este informe pone el foco en aquellas desigualdades que rara vez ocupan el centro del debate público.

Si te interesa comprender cómo evoluciona la brecha de género en un contexto donde cada vez más personas creen que la igualdad ya está conseguida, te invito a leer el informe completo aquí: “Informe de Brecha de Género 2026”.

 

Para avanzar en igualdad, ¿qué hay que hacer?”

No basta con buenas intenciones. Es imprescindible redefinir prioridades y revisar cómo están diseñadas nuestras reglas de funcionamiento.

En el plano cotidiano, avanzar implica redistribuir el tiempo y los cuidados con corresponsabilidad real, reconocer el valor del trabajo esencial y hacer visible la distribución de las tareas invisibles que sostienen hogares y organizaciones.

En el plano estructural, supone incorporar la diversidad como criterio de diseño: trabajar con datos desagregados, exigir evidencia científica inclusiva en salud e innovación, auditar sesgos en tecnología y tomar decisiones públicas y empresariales que no partan de un supuesto “usuario estándar” masculino.

En definitiva, para avanzar en igualdad necesitamos más que medidas aisladas, necesitamos revisar el diseño del sistema.

Porque la desigualdad más persistente no es la más evidente, sino la que se ha normalizado.

Te invito a leer el informe completo y a preguntarte:

¿qué parte de la desigualdad sigue operando sin que la estés viendo?

La transformación real se dará cuando miremos donde antes no mirábamos.

 

Gracias por leerme un día más,

hoy te traigo una canción que es novedad y que es preciosa,

feliz semana

 

 

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