El miedo a decidir

cómo tomar el control sin bloquearte

 

Semana Santa para parar, bajar el ritmo y aprovechar estos días de sol y buen tiempo. Escapada a Portugal, con puestas de sol increíbles en Oporto, paseos por calles que invitan a caminar sin rumbo y el lujo sencillo de no mirar el reloj.

Y una vuelta que me tendrá muy ocupada la próxima semana. Proyectos que empiezan y que necesitan mucha energía, algunos importantes y que los había ido dejando, hasta que me di cuenta de que no sirve de nada posponer las decisiones importantes. Aunque nos cueste decidir, porque no es fácil.

Porque las decisiones importantes no son tranquilas y comportan una etapa de incomodidad.

Las decisiones importantes dan vértigo y te pueden llegar a bloquear.

Y, en esos momentos, es necesario recordar que el bloqueo no es racional.

No te engañes: no decidir también es decidir.

Cada vez que pospones una decisión, estás eligiendo quedarte dónde estás.

Cada vez que dices “necesito más tiempo”, muchas veces lo que estás diciendo es: “no quiero enfrentar lo que implica decidir”.

 

El miedo a decidir

Cuando una decisión sientes que te cuesta mucho tomarla, o que te supera un poco o te bloquea… no suele ser por un único motivo, sino que suele haber varias capas que se superponen.

El miedo a decidir suele tener más de un componente:

Miedo a equivocarte

Quieres acertar. Quieres tener la seguridad de que eliges bien.

Pero las decisiones importantes no vienen con garantía.

Esperar a tener una certeza total es, en realidad, una forma de engañarte.

 

Miedo a perder

A perder una versión de ti que ya conoces.

Porque toda decisión relevante implica un cambio y los cambios suelen asustar…

 

Miedo al cambio

Tenemos miedo al cambio, es biológico. Y, aunque lo que tengas no te convenza del todo, es algo conocido. Y lo conocido da esa sensación de control.

El cambio, sin embargo, genera vértigo.

 

Muchas veces aparece una pregunta que te bloquea:

          ¿Y si sale mal?

Es una pregunta lícita y natural. Pero si te quedas ahí, te paraliza.

Porque te sitúa en el miedo, en el riesgo, en la pérdida.

En esos momentos, debes cambiar la pregunta. Cámbiala a:

         ¿Qué futuro estoy dejando de construir si no decido?

Esta pregunta no elimina el miedo. Pero cambia completamente el foco.

Porque con esta pregunta ya no estarás evaluando sólo el riesgo de decidir, sino que estarás viendo el coste de no hacerlo.

Casi siempre, se pierde más intentando evitar el cambio que atravesándolo.

No decidir tiene un coste. Y aplazar las decisiones también.

 

Tres principios para simplificar decisiones

Cuando nos enfrentamos a una decisión importante, no sirve de mucho ir demorándola.

Siempre hay un momento en el que debes enfrentarla. Y, en ese momento, estos son tres principios que te pueden ayudar a avanzar. 

Principio del 70%

Si estás esperando a tenerlo todo claro, vas a esperar demasiado, o no vas a decidir nunca.

Con un 70% de información, ya puedes decidir.
El 30% restante sólo lo podrás descubrir cuando empieces a moverte.

Porque decidir no es el final del proceso, es el principio.

 

Principio del coste reversible vs irreversible

Muchas veces no todo es tan terrible. Aunque tú creas que es una decisión muy difícil, cuando la analizas en detalle te das cuenta de que no todo es tan trascendente.

Cuando te preguntes:

    ¿esto es reversible o irreversible?

Te darás cuenta de no todo es irreversible. Que podrás ajustar, corregir, cambiar.

Y eso debería darte una mejor perspectiva de lo que enfrentas.

 

Principio del “yo futuro”

Y el tercer principio tiene que ver con mirar más allá.

Intenta visualizarte dentro de un tiempo. Imagina que te observas dentro de 1 año, o de 3. Y ahí, pregúntate qué decisión te acercaría más a la versión de ti que quieres construir.

¿Qué te gustaría dentro de un año que hubieras decidido hoy?

Es una pregunta que te da claridad.

Porque muchas decisiones que hoy dan miedo, mañana serán súper claras.

 

Decidir no es una opción

No puedes esquivar la responsabilidad de decidir. Y no sirve de nada ponerte excusas. No vas a eliminar el miedo. El objetivo es que el miedo no decida por ti.

Así que, ya sabes, atrévete a decidir. Y ve a por ello con uñas y dientes.

Porque hay algo que debes tener claro – algo que solemos entender con la perspectiva del tiempo -:

el mayor riesgo no está en decidir,

está en quedarte dónde estás

por no hacerlo.

 

 

 

 

Hoy te dejo esta canción de Marlon para darte las gracias por leerme y desearte una feliz semana.

Con uñas y dientes

 

.

si no puedo evitar quererte a ratos sin querer dime qué va a pasar ahora …

 

.

 

 

.