El amor también es una decisión: la ciencia lo explica
Esta semana ha sido una de esas semanas vividas con intensidad. He viajado, he compartido espacios con profesionales extraordinarias, he participado en eventos y conferencias en el marco del mes de la mujer… y, una vez más, he sentido la suerte de dedicarme a algo en lo que creo profundamente.
En medio de una de esas conversaciones —de las que empiezan en lo profesional y, casi sin darte cuenta, acaban en lo personal— surgió un tema que me hizo detener. Mencioné un estudio científico sobre el amor, ampliamente conocido a nivel internacional, que intenta poner algo de lógica en algo que, en apariencia, parece profundamente ilógico.
Tuve que hacer memoria. Y volví a él.
¿Cómo es el amor verdadero?
Es una pregunta que, en algún momento, seguro que tú también te has hecho. ¿Cómo saberlo?
Es un tema tan universal como polémico. Hay tantas formas de entender el amor como personas. Conozco a quienes están convencidos de que el amor simplemente ocurre, que aparece sin previo aviso, que te enamoras y no tienes margen de decisión.
Yo, sin embargo, me acerco más a la idea que plantea el psicólogo Gabriel Rolón: no puedes controlar quién te atrae, pero sí puedes decidir qué haces con esa atracción. Llega un momento —más pronto o más tarde— en el que te enfrentas a una pregunta incómoda pero necesaria:
“¿De verdad quiero entrar en esta relación?”
“¿Compartimos valores? ¿Compartimos visión?”
Y si la respuesta no es clara, quizá la decisión debería tenerlo en cuenta.
Siempre he pensado que, incluso en algo tan emocional como una relación, hace falta algo más que emoción. Hace falta criterio. Hace falta conciencia.
Y fue precisamente desde ahí —desde esa necesidad de entender mejor— desde donde volví a uno de los modelos más interesantes que he encontrado sobre este tema: la teoría de las tres bases del amor.
La teoría del triángulo del amor
La teoría a la que hacía referencia es la desarrolló Robert Sternberg en 1986: la “Triangular Theory of Love”. Se trata de un modelo científico ampliamente citado que intenta entender, desde la psicología, cómo se construyen las relaciones afectivas.
Su propuesta es tan sencilla como potente: el amor no tiene un único componente, sino que es el resultado de la combinación de tres dimensiones que interactúan entre sí y evolucionan con el tiempo.
Resulta interesante entenderlas, así como observar cómo están (o no están) presentes en tus relaciones.
1.
Conexión emocional
La primera es una conexión emocional profunda. Es la confianza, la cercanía, la sensación de poder ser tú sin filtros.
Es ese espacio donde no necesitas demostrar nada. Donde puedes compartir lo que piensas, lo que sientes, incluso lo que te incomoda, sin miedo a ser juzgada. Es complicidad, es escucha, es presencia.
La conexión emocional no aparece de golpe. Se construye. Se crea con conversaciones, con tiempo, con pequeños gestos que generan seguridad.
La conexión emocional existe en muchos tipos de relaciones: en las relaciones de pareja, en una amistad, …
Sin conexión emocional, las relaciones pueden funcionar, pero difícilmente pueden llegar a ser profundas.
2.
Pasión
La pasión es la energía de la relación. Es la atracción, el deseo, la intensidad.
Es lo que te mueve hacia la otra persona. Lo que genera ilusión, lo que activa, lo que hace que una relación tenga chispa.
La pasión es física, pero también puede ser emocional. Es esa sensación de admiración, de interés, de querer compartir tiempo, ideas, experiencias.
El reto de la pasión es que, por naturaleza, es cambiante. No siempre tiene la misma intensidad. Y cuando se convierte en el único pilar, las relaciones pueden volverse inestables.
Por eso, la clave es que exista y, además, entender cómo evoluciona y qué papel ocupa dentro del conjunto de la relación.
3.
Compromiso
El tercer pilar es el compromiso. Y aquí es donde el modelo introduce un matiz fundamental: el amor también implica una decisión.
El compromiso es la voluntad consciente de sostener una relación en el tiempo. Es elegir estar, incluso cuando no todo es fácil. Es construir, cuidar, priorizar.
Es el “quiero que esto funcione”.
El compromiso es implicarse, es asumir que tu relación requiere tiempo, atención, intención y, en ocasiones, renuncias.
Aquí aparece una idea clave: mientras la conexión emocional y la pasión pueden surgir de forma más espontánea, el compromiso siempre implica un acto de voluntad. Y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo.
La gran aportación de esta teoría va más allá de conocer los tres pilares, y está en comprender cómo se combinan y evolucionan. Porque el amor no es estático. Cambia, se transforma, se redefine.
Puedes encontrar relaciones con mucha conexión, pero sin pasión. O relaciones con una gran intensidad, pero sin compromiso. Incluso relaciones que se mantienen en el tiempo… sin conexión real.
Pero, el equilibrio entre los tres elementos es excepcional.
Es muy difícil de conseguir.
Y, precisamente por eso, exige conciencia.
Analiza una relación importante para ti
Te propongo un ejercicio sencillo, pero muy interesante.
Piensa en una relación importante para ti. Ahora obsérvala con cierta distancia y pregúntate:
¿Hay conexión emocional? ¿Puedes ser tú sin filtros?
¿Hay pasión? ¿Hay energía, interés, ganas de compartir?
¿Hay compromiso? ¿Existe una decisión real de sostener ese vínculo?
No se trata de que todo sea perfecto. Se trata de entender qué puntos están presentes… y cuáles no.
Y después, hazte una segunda pregunta, quizá más incómoda:
¿quiero seguir así o quiero cambiar algo?
Porque el amor —y una relación en general— no sólo se siente.
También se crea y se cuida.
Y, cuando es necesario, se trabaja para acercarla a como tú quieres que sea.
Ahí está, para mí, lo más interesante de este modelo.
Que te devuelve la responsabilidad.
Porque el amor no es simplemente algo que te pasa.
Es algo que tú también creas.
Al final, las relaciones que realmente importan
no son las que simplemente llegan,
sino las que eliges construir cada día.
Hoy te comparto la canción más bonita que me ha llegado por whatsapp esta semana para darte las gracias por leerme y desearte una feliz semana
Con los años que me quedan
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