La trampa de esperar a que la vida mejore
(y por qué la proactividad lo cambia todo)
Ya me he pedido libro para el día de Sant Jordi.
Y es que Luis Rojas Marcos acaba de publicar nuevo título: ‘El regalo de los años’ (Harper Collins). Una interesante reflexión sobre el paso del tiempo, la madurez emocional y la capacidad de reinterpretar cada etapa de la vida como una oportunidad – no como una pérdida -, poniendo el foco en cómo la actitud con la que afrontas los años influye directamente en tu bienestar, tus decisiones y tu forma de vivir.
«Existe la suerte en la vida, pero hay que ser proactivos»
Luis Rojas Marcos
Una reflexión que comparto totalmente.
Porque vivimos en una cultura que, de forma sutil, nos invita a esperar. Esperar el momento adecuado. Esperar a tener más claridad. Esperar a sentirnos preparadas. Esperar, incluso, a que la vida se ordene un poco para entonces sí, dar el paso.
¿Cuántas personas están esperando a jubilarse para hacer (entonces) lo que desean? ¿Cuántas siguen en un lugar que ya no les aporta por miedo a dar el siguiente paso? ¿Cuántas esperan a tener más tiempo, más energía o más seguridad para empezar? …
Existe una trampa en esa espera: mientras tú esperas, nada cambia.
Rojas Marcos lo expresa con una claridad tremenda: la suerte existe, sí. Pero no sustituye la acción. No reemplaza la iniciativa. No compensa la inercia.
El locus de control
Detrás de esta idea hay un concepto profundamente estudiado en psicología: el locus de control. Un concepto que se refiere a dónde sitúas la responsabilidad de lo que te ocurre.
Cuando operas desde un locus de control externo, tiendes a atribuir tus resultados a factores fuera de ti: el contexto, las oportunidades, los demás, la suerte. Desde ahí, esperar parece razonable.
Pero cuando desarrollas un locus de control interno, algo cambia: entiendes que, aunque no todo dependa de ti, siempre hay una parte – a veces pequeña, pero decisiva – que sí está bajo tu influencia.
Y ahí empieza el movimiento.
El problema no es que no existan factores externos. El problema es construir tu vida como si solo dependieras de ellos.
Los factores externos existen, sí. Por supuesto que los factores externos influyen. Pero no pueden convertirse en el eje de tus decisiones.
Tu actitud ante lo que sucede
Tu actitud marca diferencias.
Y la diferencia entre una actitud reactiva y una proactiva no está en lo que te pasa, sino en cómo te posicionas frente a ello.
Una actitud reactiva se reconoce fácilmente:
esperas a que algo ocurra para actuar, reaccionas a las circunstancias, pospones decisiones hasta tener certezas.
Una actitud proactiva, en cambio, introduce una lógica distinta:
decides antes de tener toda la información, te mueves incluso con incertidumbre, generas oportunidades en lugar de esperar a que aparezcan.
Esta diferencia impacta directamente en tres dimensiones clave de tu vida:
En tu carrera, porque la persona que espera a estar “lista” suele llegar tarde, mientras que quien actúa aprende en el proceso.
En tus decisiones personales, porque la inacción también es una decisión, aunque no lo parezca.
En tu bienestar, porque la sensación de control —aunque sea parcial— reduce la ansiedad y aumenta la claridad.
Tres decisiones donde dejar de esperar
Si realmente quieres empezar a salir de la inercia de posponer, puedes empezar hoy. Escoge una de estas tres opciones y actúa. No la más fácil, sino la que sabes – en el fondo – que lleva tiempo esperando por ti.
1.
Esa decisión que llevas tiempo aplazando “hasta tenerlo claro”. Tal vez un cambio, una renuncia o un inicio que sigues analizando desde todos los ángulos. Pero la claridad rara vez aparece antes del movimiento. Es en la acción donde ordenas ideas, validas hipótesis y entiendes qué tiene sentido para ti.
2.
Esa conversación que sabes que necesitas tener. Puede ser incómoda, puede generar incertidumbre, pero evitarla no la elimina. Al contrario, lo empeora. Es necesario dar ese paso para liberar tensión.
3.
Ese paso profesional o personal que sigues condicionando a sentirte plenamente en condiciones. Buscas acumular más experiencia, más seguridad, más certezas. Sin embargo, en muchos casos, esa espera esconde una resistencia más profunda: el miedo a dar el salto.
Y, paradójicamente, no es la preparación la que reduce ese miedo, sino la acción.
Hay momentos en los que debes tomar la decisión de seguir esperando… o no. Y esa decisión, aunque no lo parezca, también depende de ti.
Nunca vas a controlar todo
Nuca vas a poder controlar todo lo que te ocurre.
Pero sí puedes decidir desde dónde te posicionas frente a ello.
Esperar puede parecer prudente. Pero, en el fondo, lo que resulta es cómodo.
Nunca va a llegar el momento en el que todo encaje.
Así que, muchas veces tienes que moverte, sin garantías.
La vida no se ordena antes de que actúes.
Se ordena mientras te mueves.
Porque no es la seguridad la que impulsa el cambio.
Es el movimiento el que la construye, y te aseguro que merece la pena moverse.
Hoy te traigo una canción que me encanta para darte las gracias por leerme y desearte una feliz semana
Worth it
I could love you if I really wanted to
you could be, be my glass of wine
when the sun sets, help me exhale
All the excess
Baby, bae, b-b-bae, b-b-baby, would you
Would you make it alright?
Or maybe that much better?
If you wanted you could make it all
Worth it, worth it, worth it, worth it
.
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