De hacerlo todo a hacer lo que importa
Elegir bien es clave
Maleta, aeropuertos, hotel, … Estoy en una etapa con muchos viajes. Todas las semanas un vuelo a una nueva ciudad. Esta semana a Palma de Mallorca. Semana con sesiones de mi programa, muchas reuniones y con clases en la universidad, entre otros temas. Muy, muy intensa, de esas en la que cuesta encajar todo y con momentos en los que te falta energía. Momentos de cansancio, descubrirte un poco desbordada o cuando te cuesta dormir… síntomas que te muestran cuando la actividad que llevas sobrepasa ciertas líneas rojas.
Semanas como esta me hacen pensar. Porque dejan algo claro: ordenar no es opcional, es imprescindible.
Porque hacer mucho no siempre significa avanzar.
La hiperactividad como falsa sensación de control
Existe una creencia profundamente arraigada – y socialmente premiada-: si haces mucho, estás avanzando. Si tu agenda está llena, vas bien. Si respondes rápido, eres eficiente y siempre estás disponible, eres eficaz.
Sin darte cuente, estas dinámicas te llevan a un punto peligroso. Lo he comentado muchas veces en mis programas. Porque, déjame que te plantee una pregunta:
¿y si hacer mucho no fuera más que una forma de sentir que tienes el control?
La hiperactividad, en muchos casos, es fruto del miedo.
Miedo a no llegar.
Miedo a no ser suficiente.
Miedo a perder oportunidades.
Y ese miedo se traduce en acción constante. En llenar cada hueco. En decir sí casi por inercia.
El problema es que esa acción continua no siempre suma. Muchas veces, diluye.
De hecho, la investigación en psicología cognitiva lleva años alertando sobre los efectos negativos de la sobrecarga de tareas. Un estudio publicado en Journal of Experimental Psychology demuestra cómo el cambio constante de tareas reduce significativamente el rendimiento y aumenta la fatiga mental (Rubinstein, Meyer & Evans).
Hacer mucho vs hacer lo que importa
Cuando quieres hacerlo todo entras en una espiral de acción constante sin dirección.
Y deberíamos recordar algo que rara vez nos enseñan: parar, elegir y renunciar.
Renunciar a tareas que podrías hacer, pero que no deberías.
Renunciar a oportunidades que no están alineadas contigo ahora mismo.
Renunciar a esa sensación – tan adictiva – de estar siempre ocupada.
Porque la verdadera productividad no es llenar el tiempo de tareas , sino generar impacto.
En esta línea, un estudio de la Harvard Business School sobre gestión del tiempo y productividad muestra que las personas que dedican tiempo deliberado a planificar y priorizar consiguen mejores resultados a largo plazo que aquellas que operan en modo reactivo (Porter & Nohria,)
Pensar no es perder el tiempo. Es dirigirlo.
Tres prácticas para empezar hoy
El paso de la hiperactividad a la dirección estratégica no ocurre de un día para otro, pero sí empieza con algo muy concreto: cambiar cómo decides en tu día a día.
En el momento en el que decidas priorizar, verás como todo empieza a cambiar. Y eso se entrena, con prácticas simples que puedes aplicar desde hoy. Así que te sugiero tres por si quieres empezar a practicar ya.
1.
La regla del “menos, pero clave”
Antes de empezar el día, define como máximo 3 prioridades reales. No tareas pequeñas, sino acciones que realmente muevan algo importante.
Ejemplo:
En lugar de una lista de 15 tareas, decides que hoy lo clave es: preparar una reunión estratégica, avanzar en una propuesta importante y tener una conversación pendiente.
Todo lo demás es secundario.
2.
El filtro del “para qué”
Antes de decir sí a algo, hazte una pregunta:
¿esto me acerca o me aleja de donde quiero estar?
Ejemplo:
Te invitan a una reunión. Podrías ir. Pero cuando aplicas el filtro, ves que no aporta valor real. Decides no asistir o delegar. Esta decisión te hace ganar tiempo.
3.
Agenda tiempo para pensar
(sí, bloqueálo)
Si no reservas tiempo para pensar, nunca ocurrirá.
Ejemplo:
Bloqueas 45 minutos a la semana sin reuniones, sin móvil, sin interrupciones. Solo para revisar, priorizar y decidir.
Ese espacio, aunque parezca pequeño, cambia la calidad de tus decisiones.
Hacer lo que importa
En un mundo que premia la velocidad, parar puede parecer un lujo.
Pero no lo es, es imprescindible.
Así que, en épocas de saturación y de querer hacerlo todo, será cuestión de hacer una pausa y preguntarte qué es lo que realmente importa.
Y apóyate en las personas importantes de tu vida, en las que te dan paz.
No todo en la vida es hacer y avanzar sin pausa. También es saber con quién parar. Hay personas que tienen esa capacidad extraordinaria de darte paz, de ordenar sin agobiarte, de acompañar sin invadir. Tener a alguien así en tu vida es un regalo. (Gracias por ser ese espacio de paz al que sé que siempre puedo volver.)
Recuerda, tu valor no está en hacer más y más cosas, sino en hacer lo que de verdad te importa.
Hoy te traigo la canción que más he escuchado esta semana para darte las gracias por leerme y desearte una feliz semana
.
.
Comentarios recientes