La bondad como decisión…

que no es fácil

 

Tengo la suerte de tener a mi alrededor a personas buenas. Tal y como nos ha enseñado el profesor James Heckman, a las personas -desde el momento del nacimiento- nos marca muchísimo nuestro entorno, la familia en la que nacemos, aquello que él denomina “la lotería del nacimiento” … y yo tuve la fortuna de nacer en una familia extraordinaria, y la suerte de tener a personas buenas a mi lado.

Un acto de bondad es algo extraordinario y, cuando lo vives, en directo, en primero persona, tiene un efecto único, que correlaciona con felicidad.

La bondad es una cualidad humana que no abunda, tal vez porque no es fácil ni sencilla.

Muchas son las personas que pregonan su bondad, sin embargo, es algo que no está en lo que dices, sino en lo que haces. La bondad se descubre en los actos de las personas, solo allí se puede encontrar.

Si fuera fácil ser buen@, todo el mundo lo sería. Y, sin embargo, puedes constatar que no es precisamente así. La bondad no abunda.

 

¿Por qué no abunda la bondad?

La palabra ‘bondad’ proviene del latín ‘bonitas’ formado de bonus (bueno) y el sufijo -tat que cambia al castellano como -dad (indicando cualidad). La definición de bondad de la RAE, en sus primeras acepciones, es “cualidad de bueno” y “natural inclinación a hacer el bien”.

En mi humilde opinión, me parece una definición muy pobre. Creo que es bueno profundizar en el concepto, porque no es una cualidad que surja de un modo involuntario, sino que es una decisión que se toma deliberadamente.

Voy a intentar sintetizar, de un modo rápido, en el por qué digo que la bondad es una decisión personal y qué tiene que ver con la inteligencia.

 

Una inteligencia a dos niveles

Conocer más sobre la inteligencia ha sido un reto en los últimos años. Durante siglos se relacionó la inteligencia con el conocimiento, se consideraban inteligentes aquellas personas que eran capaces de memorizar gran cantidad de información. Es posible que muchos de los problemas educativos que hemos sufrido -y sufrimos todavía- tengan su origen en haber intentado educar la inteligencia cognitiva, proporcionando conocimientos a los niños, sin dar importancia a otras vertientes de la inteligencia.

Una de las teorías de la inteligencia más evolucionada y más interesante es la teoría de José Antonio Marina. He escrito en varias ocasiones sobre su teoría de la inteligencia, porque creo que es fundamental conocerla. Son varios los títulos publicados por él alrededor de la inteligencia, a mi me cautivaron especialmente “La inteligencia fracasada”, “Talento, motivación e inteligencia”, “La inteligencia ejecutiva”, “Objetivo generar talento. Cómo poner en acción la inteligencia” y “Proyecto Centauro” -terminando de leerlo ahora mismo-.

¿Cuál es la función de la inteligencia?

La función de la inteligencia es dirigir la acción, según Marina.

Una conclusión tremendamente lúcida y valiente. No vivimos para conocer, sino que conocemos para vivir de la mejor manera posible. Por ello, más allá de la inteligencia cognitiva, de la inteligencia emocional o de otras inteligencias de las que se habla, el nuevo modelo que debe integrar a todos los demás es de la “inteligencia ejecutiva”.

El modelo de la inteligencia de Marina nos expone dos niveles de inteligencia: la inteligencia generadora y la inteligencia ejecutiva. 

Inteligencia generadora 

La inteligencia generadora (IG) tiene dos componentes: uno biológico –el conjunto de operaciones neuronales con que nuestro cerebro está dotado– y otro aprendido –la información–. La ecuación de la Inteligencia Generadora es = Biología + Memoria

IG = B + M

La plasticidad es el fundamento físico del aprendizaje, es decir, de la memoria. Debemos recordar las enormes posibilidades que nos brinda la plasticidad del cerebro. El ser humano tiene la capacidad de actuar sobre su propio cerebro, cambiándolo.

Lo que hacemos esculpe nuestro cerebro. Este es un tema que ha quedado demostrado empíricamente con multitud de estudios, como el de Eleanor Maguire, que comprobó mediante escáneres cerebrales que los taxistas de Londres habían desarrollado extraordinariamente su hipocampo, sede de la memoria espacial, tras años de memorizar el callejero de la ciudad.

El objetivo de la educación de la inteligencia generadora parece claro: aprender conceptos, aprender a tener buenas ideas, ayudar a tomar buenas decisiones, conseguir las habilidades necesarias y mantener el deseo de mejorar.

En la creación de la inteligencia generadora, el primer paso es hacer una reivindicación de la memoria. La memoria es la base de todo aprendizaje, gracias a la cual podemos aprovechar la experiencia propia y la ajena. Marina defiende que el fundamento de la inteligencia humana es la memoria, y que el talento se basa en la gestión óptima de la memoria.

Inteligencia ejecutiva 

La inteligencia ejecutiva (IE) también se educa. La educación de la inteligencia ejecutiva es también parte de la educación del talento y, en este caso, quién debe dirigirla es el entrenador.

La educación puede actuar construyendo una inteligencia generadora rica y eficiente, y construyendo una inteligencia ejecutiva eficaz y con buenos criterios de evaluación.

 

El punto decisivo final

Sobre la base de las dos inteligencias, al final, el punto decisivo del funcionamiento de nuestra inteligencia son los criterios de evaluación.

Vas a actuar en función de los criterios que te marques. Vas a decidir en función de esos criterios. Y ahí existe mucha dispersión, cada persona tienen sus propios criterios de decisión ante lo que le va sucediendo.

Tus criterios, tus valores te llevarán a actuar de un modo u otro. 

Cuando aciertas al elegir los criterios de evaluación, caminas hacia un gran proyecto.

Tal vez no sea casual que muchos autores hablen sobre la importancia de la bondad. En su día, fue viral ‘la Contra’ de la Vanguardia a Howard Gardner, en la que defendía: “una mala persona no llega nunca a ser un buen profesional”. La bondad como valor necesario en nuestra vida y en nuestras organizaciones.

 

Por su parte, en la entrevista a José Antonio Marina también en ‘la Contra’ de la Vanguardia,  le preguntaban “¿qué es la inteligencia?”, a lo cual respondía la inteligencia “es la capacidad humana de dirigir su conducta para resolver problemas”. Y añadía que la inteligencia “en grado supremo se llama bondad”. Marina defiende la bondad como la forma más eficiente de resolver problemas y, por tanto, de vivir.  Da para pensar este recorrido desde la inteligencia generadora –a partir de la biología y la memoria–, a la inteligencia ejecutiva –que nos lleva a hacer– y terminar en la inteligencia ética y la bondad como culminación de la inteligencia.

Siempre he admirado la inteligencia, sin embargo confieso que a veces me equivoqué con alguna persona, inteligente en ciertos ámbitos, pero que no era capaz de alcanzar la bondad. La bondad es una decisión… que no es fácil. Hoy, en mi madurez, este es un punto que tengo muy claro, “la inteligencia en grado supremo se llama bondad”, algo que no todos pueden llegar a alcanzar. Y solo puedo dar las gracias a las personas buenas que he tenido a mi lado, especialmente a mis padres, Pau y Teresa, por su amor -que me ha acompañado todos los días de mi vida- y por haberme transmitido unos valores sólidos. No podría haber tenido unos padres mejores.

Tener a personas buenas en tu vida es algo que, muchas veces, no se elige y, por ello, si las tienes, no te olvides de agradecer esa suerte y de valorarla como se merece.

 

Stuck on you

 

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