La pregunta que nadie te hace en Navidad
y que lo cambia todo
Así, sin casi darme cuenta, ya estamos a pocos días de Navidad. No sé a ti, pero a mi me encanta la Navidad. Esta semana viajé a Malta y me sorprendió el espectacular espíritu navideño que allí se respira… mercadillos de Navidad, atracciones, calles completamente iluminadas y música navideña de fondo. Una escapada sorprendente que te recomiendo, la Navidad en formato mediterráneo es preciosa.
Y, como cada año, la Navidad llega cargada de ruido: mensajes, hacer balance, preparar propósitos personales, cenas, reencuentros, expectativas… Todo parece empujarnos a cerrar etapas, a sonreír, a agradecer, a proyectar un nuevo comienzo perfecto.
Sin embargo, hay algo curioso en estas fechas: hablamos mucho de lo que queremos conseguir… y muy poco de lo que necesitamos soltar.
Quizá porque soltar no queda bien en una felicitación.
Quizá porque no sabemos muy bien cómo hacerlo.
O quizá porque nadie nos ha hecho nunca la pregunta adecuada.
No una pregunta para responder deprisa.
Sino una pregunta para darle tiempo.
¿Qué necesitas soltar para empezar de verdad el próximo año?
¿Qué necesitas soltar para ser realmente tú?
Supongo que no es una pregunta cómoda.
Tampoco es fácil.
Pero me parece realmente profunda y necesaria
A lo largo del tiempo, vamos acumulando cosas que no pesan al principio: pequeñas renuncias, exigencias asumidas sin darnos cuenta, expectativas que no eran nuestras pero que acabamos defendiendo como si lo fueran.
Y cuando llega diciembre, intentamos llevarnos todo eso al año siguiente, como si fuera imprescindible para seguir avanzando.
Tenemos interiorizada la idea de que deberíamos poder con más -siempre-.
Nos puede el miedo a decepcionar.
El rol que funcionó una vez y que seguimos interpretando, aunque ya no encaje.
La versión de quién creíamos que teníamos que ser.
Y tú lo sabes.
Hay cosas que pesan.
Hay partes de tu vida que sostienes más por costumbre que por convicción.
¿Qué necesitas soltar?
A veces lo que más necesitas dejar ir no es lo evidente. No es un proyecto, ni una persona, ni una decisión concreta. Es algo más sutil.
La necesidad constante de agradar.
La prisa, incluso cuando no hay urgencia real.
La culpa por no llegar a todo, por no hacerlo perfecto, por necesitar parar.
Versiones antiguas de ti -que tenían sentido en algún momento-, pero que ya no te representan.
Quizás este año no te ha faltado disciplina.
Quizás te ha faltado darte permiso.
Permiso para no poder con todo.
Permiso para cambiar de opinión.
Permiso para dejar de sostener lo que ya no vibra contigo.
La respuesta a esta pregunta no suele aparecer cuando estamos ocupados. Aparece en los momentos de silencio. En esos momentos en los que no hay distracción posible y la mente se queda quieta… aunque solo sea un poco.
Parar incomoda.
Escucharte incomoda.
Pero es ahí donde empiezas a encontrarte.
No hace falta que hoy lo tengas claro.
No necesitas empezar el año con una lista cerrada de objetivos ni con una versión definitiva de ti.
La presión por “tenerlo todo decidido” es otra forma de ruido.
A veces basta con intuir.
Con sentir que algo ya no va contigo.
Con reconocer que seguir igual no es una opción, aunque todavía no sepas cómo será lo nuevo.
Claves para ver qué necesitas soltar
Si te ayuda, aquí van tres claves sencillas para empezar a ver qué necesitas soltar.
La primera:
observa qué te cansa más de lo que debería. Lo que te resta energía no siempre es lo más difícil, sino lo que está menos alineado contigo.
La segunda:
pregúntate qué haces por miedo y no por elección. El miedo es un gran organizador de agendas, pero un mal compañero de decisiones.
La tercera:
revisa qué versión de ti estás intentando sostener. No todas las versiones antiguas merecen continuidad. Algunas solo merecen agradecer y decirle adiós.
Porque soltar no es restar. No te restas nada.
Soltar es elegir.
Elegir con más conciencia, con más madurez, con más liderazgo personal.
No se trata de abandonar responsabilidades, sino de dejar de cargar con lo que no te corresponde.
No se trata de empezar de cero, sino de empezar más ligero.
Quizás esta Navidad no necesites más deseos grandiosos.
Quizás no necesites un año espectacular.
Quizás lo que necesitas es un año en el que seas más TÚ.
Uno en el que puedas avanzar sin arrastrar.
Uno en el que puedas elegirte un poco más.
Así que, antes de felicitarte las fiestas, prefiero dejarte esta pregunta.
No para que la respondas ahora.
Sino para que te acompañe estos días:
¿Qué necesitas soltar para empezar de verdad el próximo año?
Que estas fiestas te regalen momentos de paz, de silencio…
y que en ese silencio te encuentres más a ti.
Felices fiestas.
Hoy te dejo una cover preciosa de una canción que ya es un clásico para darte las gracias por leerme.
.
Comentarios recientes