LANGUIDEZ

El estado emocional de 2021

 

Estos días tengo la suerte de trabajar en un programa con un equipo fantástico de profesionales de sector de la salud. En las conversaciones que surgen, es fácil escuchar sus comentarios sobre el agotamiento que sienten tras tantos de meses de trabajar al límite.  

Sin duda, las personas que trabajan en el sector salud han notado muy intensamente el efecto de la pandemia, aunque no son las únicas.

En los hospitales, la actividad ha sido atípica y frenética. En otros sectores no ha sucedido lo mismo, pero los cambios han supuesto un tsunami en la vida de muchas personas. Cambios en el modo de trabajar, cambios en la relación con otras personas,… ¿Quién no se ha sentido un poco extrañ@? ¿Quién no ha sentido, durante estos meses, que no tenía un rumbo claro? ¿Quién no ha sentido una cierta sensación de vacío?

En estos meses, yo me he acostumbrado a pasar mucho más tiempo sola, bromeo a veces diciendo que me he convertido en una ‘ermitaña’. He ido haciéndome ilusiones de cuando podríamos volver a ciertas actividades presenciales, primero haciendo planes para septiembre de 2020, y viendo como esos planes tenían que posponerse, pensando entonces en 2º trimestre de 2021… y ¡tampoco! Viendo como el final del túnel no era cuando esperábamos, como se iba retrasando todo una y otra vez, hasta que llegas a una cierta sensación de desengaño o de apatía, de no querer hacerte ilusiones para el futuro próximo.

Cada persona te cuenta sus vivencias, lo que le ha supuesto este último año y la dificultad para expresar en palabras cómo se siente ante esta situación.

 

Un nombre para lo que sientes

Hace unos días, Adam Grant, publicaba en “The New York Times” un artículo bajo el título “El malestar que sientes tiene un nombre: se llama languidez”.

Adam Grant es psicólogo, profesor en Wharton, considerado uno de los grandes científicos sociales a nivel mundial.

Para Grant, lo que sientes “es una sensación de estancamiento y vacío. Se siente como si uno estuviera pasando los días sin rumbo, mirando la vida a través de un parabrisas empañado. Y podría ser la emoción dominante de 2021”.

Languidez es un término que, personalmente, uso muy poco. Sin embargo, al leer los argumentos de Grant, me iba dando cuenta de que probablemente describe muy bien cómo me siento en ocasiones en el contexto actual.

 

¿Cómo reconocerla?

Y me pregunto: ¿cómo reconocer la languidez? Del artículo de Adam Grant, deduzco que podemos reconocerla cuando notamos un tono vital bajo y que se puede identificar con lo que sentimos: “sentir como si estuvieras arrastrándote para pasar los días”.

La languidez es el vacío entre la depresión y la prosperidad. No tienes síntomas de enfermedad mental, pero tampoco estás bien.

El peligro, según Grant es pensar que no pasa nada. Al ser la languidez un estado de desánimo progresivo, que avanza poco a poco, es fácil que no te des cuenta de que no estás bien. Por ello, hay que poner atención en las indicaciones de Grant:

“La languidez es el hijo ignorado de la salud mental. Es el vacío entre la depresión y el bienestar: la ausencia de bienestar. No tienes síntomas de enfermedad mental, pero tampoco eres la imagen viva de la salud mental. No estás funcionando a toda máquina. El languidecimiento empaña tu motivación, altera tu capacidad de concentración y triplica las probabilidades de que reduzcas el trabajo. Parece ser más frecuente que la depresión, y en cierto modo puede ser un factor de riesgo mayor para sufrir una enfermedad mental”.

 

“Parte del peligro radica en que, cuando uno languidece, es posible que no notemos el descenso del placer o la disminución del impulso. No te das cuenta de que te deslizas lentamente hacia la soledad; eres indiferente a tu indiferencia. Cuando no puedes ver tu propio sufrimiento, no buscas ayuda ni haces mucho para ayudarte.”

Poner nombre a lo que nos pasa puede ayudar, porque te lleva a reflexionar sobre los aspectos generales que te han llevado a sentirte así, y también a los motivos personales.

Cuidado con la languidez, como indica Adam Grant, es la antesala de la depresión y la ansiedad. El término ‘languidez’ fue acuñado por un sociólogo llamado Corey Keyes y su investigación sugiere que las personas que languidecen ahora mismo tienen más probabilidades de padecer depresión grave y trastornos de ansiedad en la próxima década. 

Si te sientes languidecer, actúa

La languidez puede ser, pues, una señal de alarma. Si te sientes languidecer, actúa.

La languidez hace descender tus niveles de energía, y es algo que hay que combatir. Cada persona tiene sus propias vías de activarse, pero existen algunas pautas que siempre pueden ayudarnos a combatir ese estado de ánimo y a recuperar energía.

Conecta contigo de nuevo

Una manera de salir de la languidez es volver a hacer cosas que te gusta hacer.

Cuando llevas mucho tiempo sin poder hacer algo, pasas al modo ‘apático’ y no te das cuenta de que tal vez ahora ya puedes volver a activar algunos temas.

Conecta contigo de nuevo y permítete lo que te hace sentir bien.

Busca momentos de relax, encuentra tiempo para meditar o, simplemente, para estar contigo. Presta atención a las sensaciones de tu cuerpo, el ruido exterior suele despistarnos mucho de lo realmente importante. 

Recupera relaciones

Sabemos que nuestro bienestar emocional depende en gran parte de la calidad de nuestras relaciones. Así lo demuestra uno de los estudios más extensos que se ha desarrollado sobre felicidad (Universidad de Harvard) “Estudio sobre Desarrollo Adulto”, iniciado en 1938 y que hoy continúa en proceso con el actual director del estudio, el cuarto desde su inicio, el psiquiatra estadounidense Robert Waldinger.

El mensaje más claro del estudio es que las relaciones de calidad nos hacen más felices y saludables, y destaca tres aspectos fundamentales de las relaciones:

1 -las conexiones sociales nos hacen bien, y la soledad mata. Las personas con más vínculos sociales -familia, amigos, comunidad,…- son más felices, más sanas y viven más años;

2 -lo importante no es el número de amigos que tengas, o de si tienes una relación o no… lo importante es la calidad de tus relaciones más cercanas.  Tener relaciones sanas da protección;

3 -y las buenas relaciones no solo protegen al cuerpo, sino que protegen también el cerebro y ayudan a mantener una mejor memoria con el paso del tiempo.

Por ello es importante cuidar tus relaciones, encontrar tiempo para conversaciones, interesarte por su vida y compartir con esas personas.

Concéntrate en un pequeño objetivo

Y una recomendación de Adam Grant: concéntrate en un pequeño objetivo. “Eso significa dedicar un tiempo diario a enfocarte en un reto que te importe: un proyecto interesante, un objetivo que valga la pena, una conversación significativa. A veces es un pequeño paso para redescubrir parte de la energía y el entusiasmo que has echado de menos durante todos estos meses.”

 

Activa tu energía

Esfuérzate por activar tu energía

Las organizaciones necesitan ahora especialmente a personas que activen su energía y la de sus equipos. Frente al agotamiento pandémico, es necesario reaccionar y hacerlo con fuerza. El desempeño de las personas dentro de las organizaciones depende de varios factores, me gustó como lo resumía Virgino Gallardo en un tweet:

El triángulo del desempeño de las personas es:

1-Experiencia (conocimientos)

2-Habilidades (competencias)

3-Energía (motivos + compromiso)

En tu trabajo es importante tu experiencia y tus habilidades, pero necesitas también energía.

Y también a nivel personal necesitas volver a activar tu energía.

Nuestra vida ha perdido gran parte de previsibilidad y toca gestionarlo.

Toca aceptar que la vida es incontrolable.  

Toca aceptar que el mundo se nos escapa a veces

Comprender que el desorden, la incertidumbre y el dolor son inherentes a la vida.

Que, si no aprendemos a tolerarlos, la ansiedad nos va a invadir y no nos permitirá avanzar.

Acepta lo que no puedes cambiar… 

 

Save your tears

 

Save your tears

for another day

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