Semana de trabajo en Barcelona, entre reuniones, sesiones de coaching y trabajo de preparación de nuevos programas. Días de trabajo intenso, pero sin viajes fuera, con lo que es más fácil llevarlo todo: la agenda, el foco y también el cuidado personal.

En este fin de semana de descanso, aprovecho para compartirte un resumen de un artículo publicado en el blog de OBS Business School -y que encontrarás en este link, si quieres leerlo todo-:

 

Neurociencia aplicada al liderazgo

Vivimos en un contexto exigente donde muchas personas experimentan cansancio mental, ansiedad y dificultades para decidir con serenidad, tanto en el ámbito profesional como personal. Este desgaste se manifiesta de muchos modos, tanto en grandes decisiones como en comportamientos cotidianos.

 

El cerebro bajo presión

La neurociencia nos recuerda que muchas veces no actuamos desde la lógica, sino desde la necesidad de regular emociones. Cuando estamos bajo estrés, el cerebro busca alivio rápido y tiende a priorizar lo inmediato frente a lo importante. En esos momentos, no decidimos solo con datos o argumentos racionales: decidimos desde la necesidad de sentirnos mejor, más seguros o con una mínima sensación de control.

Por eso aparecen comportamientos aparentemente “inofensivos”, pero muy significativos: mirar el móvil compulsivamente, comer sin hambre, comprar algo que no necesitamos, posponer una conversación difícil o llenar la agenda de tareas para sentir que avanzamos. Son micro recompensas que nos dan un subidón de calma momentánea (o de placer) y funcionan como una especie de analgésico emocional.

El problema es que, aunque alivian a corto plazo, también pueden alejarnos de decisiones más coherentes y sostenibles a largo plazo.

Entender estos mecanismos es clave para comprender cómo funcionamos realmente cuando estamos bajo presión. Porque no se trata de falta de disciplina o de “debilidad”: se trata de un cerebro intentando protegerse. Y cuando lo sabemos, podemos empezar a liderarnos mejor: identificar qué emoción estamos evitando, reconocer qué necesidad no está atendida y elegir respuestas más conscientes, en lugar de reaccionar en automático.

Las personas, en todos los niveles, necesitan desarrollar una preparación más completa: estratégica, emocional y adaptativa, para sostener la complejidad y la incertidumbre actuales sin perder claridad ni equilibrio. Ya no basta con experiencia o conocimiento técnico; hoy es clave saber gestionar la presión, tomar decisiones con criterio y adaptarse con agilidad al cambio.

Esto también implica aprender a mantener conversaciones difíciles, poner límites y acompañar el estado emocional propio y del entorno sin caer en la reactividad ni en el agotamiento. Y lo más importante: ser conscientes de que estas habilidades se entrenan y marcan una diferencia real en bienestar, rendimiento y calidad de liderazgo personal.

Aquí es donde la neurociencia aplicada al liderazgo aporta un marco especialmente valioso. Nos permite comprender cómo el cerebro influye en nuestras decisiones, en nuestra percepción de amenaza o confianza, y en la forma en que respondemos ante el cambio, el conflicto o la presión. No hablamos de teoría abstracta, sino de herramientas muy concretas para liderar con mayor eficacia y sensibilidad.

 

3 tips para aplicar la neurociencia en tu día a día

Aplicar la neurociencia en el trabajo no requiere grandes cambios, sino pequeños ajustes conscientes que te ayuden a regular el estrés, pensar con más claridad y decidir mejor. Aquí tienes tres ideas simples y muy efectivas para empezar.

 

1.

Haz pausas estratégicas antes de responder
Si notas urgencia, tensión o irritación, evita contestar en automático. Una pausa breve (unos segundos o un par de respiraciones) puede ayudarte a pasar de la reacción emocional a una respuesta más serena y consciente.

 

2.

Entrena tu claridad mental como entrenas tu cuerpo
Descansos, mindfulness, respiración o una escritura rápida de ideas pueden devolverte foco y presencia. No se trata de “relajarte”: es higiene mental aplicada a tu rendimiento y a tu bienestar.

 

3.

Decide con perspectiva, no sólo con rapidez
Decide con perspectiva, no solo con rapidez. En momentos de presión es fácil caer en la urgencia, resolver “para salir del paso” y confundir velocidad con eficacia. Pero muchas decisiones rápidas, si no están bien pensadas, acaban generando más trabajo, más tensión y más desgaste.

Por eso ayuda incorporar una pregunta sencilla: “¿Esta decisión construye o desgasta?” Tomar perspectiva te ayuda a elegir desde la estrategia y no desde la prisa.

 

La neurociencia como una brújula práctica

Me gusta mirar la neurociencia como una brújula muy práctica: nos ayuda a comprender por qué a veces funcionamos en automático, por qué nos cuesta decidir con claridad o cómo el estrés puede hacernos ver amenazas donde quizás sólo hay incertidumbre. Y cuando entendemos mejor lo que nos está pasando, dejamos de culpabilizarnos y empezamos a gestionarnos con más criterio y amabilidad.

Así que, si esta semana estás con la agenda llena, la cabeza a mil y la sensación de no llegar… prueba algo simple: una pausa, una respiración, una pregunta con perspectiva. Son micro decisiones que cambian tu forma de avanzar y de mantener tu ritmo. Porque avanzar es importante, sí, pero no de cualquier manera: mejor con claridad, con calma y con intención.

Gracias por leerme un día más, mi canción de hoy es novedad de Bruno Mars, para desearte una feliz semana