REBELDES

(CON CAUSA)

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Semana de locura. Coincidiendo los exámenes final de curso en la universidad, varios días en el programa de mentorización Lleida Startup -viendo proyectos súper interesantes-, reuniones de nuevos proyectos y terminando la semana con un viernes intenso sin parar, culminando con una deliciosa comida con mi buena amiga Pilar para celebrar que superamos la semana.

Y viernes por la tarde, vacuna (si, ¡la famosa vacuna al fin!). Reservé hora para viernes por la tarde, como precaución por si me encuentro mal después. Es época de mucho trabajo para mi y no puedo permitirme no estar bien un par de días, así que mejor vacunarme en viernes, si me encuentro mal sábado y domingo no pasa nada. La verdad es que me pareció extraordinario, no tuve ni que hacer cola, llegar, mostrar la tarjeta sanitaria y pasar a vacunarme, con una enfermera simpática y encantadora que me atendió maravillosamente (¡qué suerte tenemos de tener a un colectivo como el de nuestras enfermeras!). Y, tras la vacuna, toca esperar 15 minutos sentada en una zona enorme, por si produce alguna reacción extraña. Y yo, fiel a mi espíritu de aprovechar siempre el tiempo -mis formaciones en gestión del tiempo están basadas al 100% en mi vida real- decidí que podía aprovechar esos 15 minutos para meditar. Así que tomé mis auriculares, cerré los ojos y me puse a escuchar una sesión guiada de mindfulness para aprovechar ese ratito, para concentrarme unos minutos en mi misma y observar mi interior. Al terminar y abrir los ojos, pude notar ciertas miradas interrogadoras a mi alrededor… supongo que parecía raro ver a alguien con los ojos cerrados, ajena al mundo. Por supuesto, era la única persona en esa gran sala repleta de sillas con gente sentada que había hecho eso. Y me hizo dar cuenta, una vez más, que no suelo hacer lo mismo que hace todo el mundo. No sé por qué, pero no suelo coincidir con la mayoría a la hora de hacer algo y no me dejo arrastrar por el efecto mimetismo y copiar lo que están haciendo otros. Yo suelo hacer lo que me parece lógico a mí. Y eso, muchas veces, hace que me sienta diferente.

 

Hacer lo mismo que los demás

Ser diferente y no hacer lo mismo que los demás no es algo que esté bien visto.

Ya desde pequeños te repiten con frecuencia “no seas rebelde” tus padres, tus profesores, después tus jefes… Está claro que, en nuestra sociedad, la palabra rebelde tiene una connotación negativa.

Nunca pensé en mí como en una persona rebelde, en el sentido de que no soy ese prototipo de rebelde que nos puede venir a la mente… probablemente la imagen de James Dean, fumando y conduciendo a toda velocidad. Esa es la imagen de rebelde. Y yo nunca he fumado, y soy muy prudente al conducir. Exteriormente, siempre he sido una persona educada y prudente, haciendo lo que debía hacer. Pero en mi interior siempre ha habido un punto de rebeldía.

En mi adolescencia, mi rebeldía no consistía en fumar y en no estudiar. A mí me encantaba aprender, sacaba buenas notas y nunca tuve interés en fumar. Aunque en otros temas sí debía rebelarme un poco… a mí, como a la mayoría de adolescentes, me gustaba salir y me moría por ir a algún concierto de música y eso era algo que no tenía permitido (mis padres no me dejaron salir hasta los 18 años) y tenía que escaparme sin que lo notaran si quería salir algún día. Me parecía tan injusto que no me dejaran salir, yo conocía muy bien dónde estaban lo límites y no entendía que no confiaran en mí. Yo me revelaba contra lo que me parecía injusto, pero no me sumaba a cualquier acto ‘rebelde’ que hiciera la mayoría de personas de mi edad.

Años después, sigo a mi aire. Prefiero leer y escribir a ver la tele o ver series en Netflix.

No creo en los paradigmas establecidos a pies juntillas. Como sabes, me gustaría acabar con el paradigma de maternidad y trabajo en negativo.

Y tengo manías como la de detestar el papel pautado, no entiendo cómo la gente puede escribir sobre las líneas que les marcan…

Aunque no me guste admitirlo, tengo un punto rebelde, para mí, es algo que tiene que ver simplemente con ser yo misma.

 

Los beneficios de la rebeldía

BBC News publicaba esta semana el artículo “Por qué los trabajadores rebeldes son la fuente de grandes ideas”, en el que señala que existe evidencia psicológica de que la rebeldía es fundamental para la creatividad.

El artículo cita al psiquiatra de Harvard Albert Rothenberg, quién pasó más de 50 años investigando a personas que habían hecho contribuciones innovadoras a la ciencia, la literatura y las artes, investigando qué impulsaba su creatividad. En su investigación, entrevistó a 22 premios Nobel y “descubrió que buscaban conscientemente mirar las cosas con una mente abierta en lugar de seguir ciegamente la sabiduría establecida, dos cualidades que parecerían sugerir una personalidad rebelde, más que conformista.”

De su investigación concluyó que los “infractores de las reglas” eran más creativos, aunque los efectos conseguidos no dependían solo de su rebeldía, sino también de otros factores.

Para que la rebeldía tuviera un impacto positivo en su trabajo, esas personas también debían estar enfocadas mejorar, debían estar motivadas por objetivos específicos y por su crecimiento personal, además debían tener una cierta tolerancia al fracaso.

Como podemos comprobar, la rebeldía es un factor que impulsa la creatividad. Pero no sirve cualquier rebeldía, debe ser una “rebeldía con causa”. Actuar contra las normas, pero con un propósito de cambiar y/o mejorar lo establecido.

Pensar de manera diferente y desafiar los paradigmas establecidos sobre tantos y tantos temas. Impulsar ese modo distinto de pensar es mi trabajo cuando colaboro con organizaciones: trabajar en nuevos modos de hacer las cosas, impulsar el talento que pasa desapercibido… como mínimo, hacer que esas personas se planteen lo que están haciendo y puedan visualizar un modo distinto de proceder.

Desgraciadamente, es difícil encontrar una cultura corporativa que permita que los rebeldes prosperen y las organizaciones que lo permiten son pocas, pero existen y estoy convencida que, poco a poco, más empresas deberán sumarse a promocionar a las personas “rebeldes con causa”.

Si no se permite la discrepancia en una organización, la inercia puede llevar a trabajar siempre en contra de la adaptabilidad y de la necesaria innovación.

 

Rebeldía y consciencia

Uno de los libros que más me impactó cuando lo leí, hace años, fue el célebre “1984” de George Orwell. La capacidad de Orwell de imaginar el futuro es increíble -recordemos que el libro fue publicado en 1949-. La realidad hoy, 72 años después de que lo escribiera, tiene tantas similitudes con el libro que impresiona.

El mundo que describía 1984, como recuerdas, era el de un un entorno totalmente controlado, una sociedad digitalizada (Orwell retrata una sociedad que vive a merced de la tecnología con la que el gobierno del partido único Ingsoc, liderado por el Gran Hermano, controla a la población) y con un protagonista que trabaja en el ‘Ministerio de la Verdad’, dedicado a tergiversar las noticias que se dan a la población.

En ese entorno hiper vigilado como el que narra ‘1984’, Orwell reflexiona sobre la dificultad de que las personas se rebelen.

Hasta que no tengan
conciencia de su fuerza,
no se rebelarán,
y hasta después de haberse rebelado,
no serán conscientes.
Ese es el problema

– 1984, George Orwell

 

La rebeldía como modo de cambiar lo establecido, como modo de mejorar.

La historia y la cultura que nos rodea conspiran para que las cosas se sigan haciendo “como se han hecho siempre”.

Sé rebelde. Sé consciente de que puedes cambiar muchas cosas.

Sé rebelde contra todo aquello que no te permite ser tú mism@.

Convencida de que ahí radica la verdadera rebeldía:

no aceptar lo que no es aceptable y mejorar lo que puede ser mejorado.

La rebeldía como un acto de inteligencia frente a la inercia y a las pautas preestablecidas.

 

 

Y termino con la canción que me ha atrapado estos días, en una semana en la que me he movido mucho, he aprovechado para escuchar un plus de música 😉 

Leave before you love me

 

Dancing on the edge, ’bout to take it too far
it’s messing with my head, how I mess with your heart
if you wake up in your bed, alone in the dark
I’m sorry…  gotta leave before you love me

 

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