Cuando te falta energía
Identifica qué te está dejando sin batería
Semana de verano en plena ola de calor en Europa. En Barcelona, las noches tropicales – esas en las que el termómetro se resiste a bajar de los 20 grados, en nuestro caso, esta semana a 26º – convierten el descanso en un pequeño desafío. Y cuando el calor se suma al cansancio acumulado de muchos meses de trabajo intenso, las vacaciones empiezan a convertirse en una auténtica necesidad.
Tal vez por ello, últimamente hay días que se me han hecho un poco más cuesta arriba. Días en los que siento que llego al final del día sin batería. Seguramente a ti también te ha pasado, te cuesta concentrarte, tienes menos paciencia de la habitual y afrontas las tareas cotidianas con menos entusiasmo.
Y mientras pensaba en cómo recuperar esa vitalidad que me falta, me di cuenta de algo importante, antes de preguntarme cómo tener más energía, probablemente debería preguntarme qué me la está quitando.
Cinco ladrones de energía según la ciencia
La ciencia lleva años estudiando los factores que más contribuyen a la fatiga física, y mental. Y una conclusión es clara: muchas veces el problema no es la falta de energía, sino las fugas invisibles que la consumen cada día.
Así que, antes de recargar tu batería, conviene identificar dónde están las pérdidas. Y, de entre todas las pérdidas, algunas destacan por ser muy potentes.
1.
El sueño insuficiente
el ladrón más evidente y más ignorado
Si tuviera que elegir un único ladrón de energía, probablemente sería este.
Dormir poco o dormir mal afecta a la atención, la memoria, la capacidad de decisión y el rendimiento cognitivo. Numerosos estudios muestran que la privación de sueño reduce significativamente la capacidad de concentración y el funcionamiento de habilidades ejecutivas esenciales para nuestro día a día.
Yo soy de esas personas que necesita ir pronto a la cama y descansar mis horas. Es algo que sorprende a mucha gente, a las que les parece normal quedarse por la noche hasta las tantas – conozco a muy poca gente que se acueste tan pronto como yo lo hago-. Creo, sinceramente, que muchas personas se acostumbran a vivir cansadas y terminan considerando normal un nivel de energía que en realidad está muy por debajo de su potencial.
¿Qué puedes hacer?
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- Intenta mantener horarios regulares de sueño.
- Evita pantallas y estímulos intensos antes de acostarte.
- Considera el sueño una inversión en bienestar, no un lujo.
2.
La sobrecarga de información
Nunca habíamos tenido acceso a tanta información. Y nunca había sido tan difícil concentrarse.
Mensajes, reuniones, notificaciones, correos electrónicos, redes sociales, llamadas. Nuestro cerebro salta constantemente de una tarea a otra.
La investigación sobre multitarea muestra que cambiar repetidamente el foco de atención tiene un coste cognitivo. Cada interrupción exige recursos mentales para volver a concentrarnos, generando una sensación de fatiga que muchas veces confundimos con falta de energía.
El problema no es sólo el tiempo que perdemos. Es también la energía mental que consumimos.
Donde va tu atención, va tu energía.
¿Qué puedes hacer?
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- Desactiva notificaciones innecesarias.
- Agrupa tareas similares.
- Reserva espacios de trabajo sin interrupciones.
3.
El estrés mantenido en el tiempo
Un cierto nivel de estrés puede ayudarnos a reaccionar, rendir y adaptarnos. El problema aparece cuando vivimos permanentemente en estado de alerta.
Cuando el estrés se prolonga, el organismo mantiene activados mecanismos fisiológicos diseñados para situaciones excepcionales. Con el tiempo, esto afecta al estado de ánimo, al sueño, a la capacidad de concentración y a los niveles de energía.
Muchas personas creen que están cansadas porque trabajan mucho. En realidad, están agotadas porque llevan demasiado tiempo funcionando bajo tensión constante.
Es cierto que el cuerpo puede soportar periodos de esfuerzo intenso, pero lo que le cuesta soportar es la ausencia de recuperación.
¿Qué puedes hacer?
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- Introduce momentos de pausa durante la jornada.
- Identifica qué factores generan más tensión.
- Dedica tiempo a actividades que te ayuden a desconectar de verdad.
No siempre te agota lo que haces. A veces te agota lo que te preocupa.
4.
Las relaciones que desgastan
La energía no es solo física. También es emocional.
Todos conocemos personas con las que terminamos una conversación sintiéndonos mejor. Y otras con las que ocurre exactamente lo contrario.
La evidencia científica muestra que la calidad de nuestras relaciones influye de forma significativa en nuestro bienestar, nuestra felicidad e incluso nuestra salud física.
Las relaciones conflictivas, la negatividad constante o los entornos donde debemos estar permanentemente a la defensiva consumen una enorme cantidad de energía emocional.
Por el contrario, sentir apoyo, conexión y confianza actúa como un auténtico reconstituyente psicológico.
¿Qué puedes hacer?
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- Invierte tiempo en las relaciones que te aportan bienestar.
- Aprende a poner límites cuando sea necesario.
- Cuida tu círculo de apoyo.
5.
La falsa desconexión
Llegamos cansados a casa y pensamos que necesitamos descansar.
Entonces cogemos el móvil. Y pasamos unos minutos – o una hora – saltando de vídeo en vídeo, de noticia en noticia o de red social en red social. ¿Eso es realmente desconectar?
La investigación reciente advierte de que la hiperconexión digital puede contribuir a la sobrecarga cognitiva, el estrés y la fatiga mental. La exposición constante a pantallas y estímulos digitales se asocia también con una peor recuperación psicológica y alteraciones del descanso.
Por tanto, ese tiempo ante la pantalla no es realmente un tiempo de desconexión de calidad.
¿Qué puedes hacer?
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- Introduce momentos sin dispositivos.
- Recupera actividades analógicas: leer, caminar, conversar.
- Pregúntate regularmente: «¿esto me está aportando algo o me está robando energía?»
Porque la desconexión no consiste en cambiar de pantalla, sino en cambiar de estado mental.
Cuando te sientes sin energía, la tendencia natural es buscar algo más, más motivación, más productividad, más herramientas, …
Yo también he sentido ese impulso, ¿qué debo hacer para tener más energía? Porque existen hábitos para mejorar. Aunque, como ya me estoy extendiendo mucho, la próxima semana te hablaré de la otra cara de la moneda: los hábitos respaldados por la ciencia que pueden ayudarte a recuperar tu energía.
Pero probablemente la primera pregunta debe ser otra.
¿Qué está drenando mi energía?
Porque muchas veces recuperar energía no consiste en añadir nuevas rutinas, sino en eliminar aquello que te la roba silenciosamente cada día.
Así que recuerda controlar tus ladrones de energía.
Es difícil llenar un depósito que tiene agujeros.
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