Decidir sin certezas
No lo sabes todo ¿y qué?
Octubre sigue con un ritmo intenso. Una semana de sesiones de mi programa y clases en la universidad. El frío empieza a hacerse notar y este fin de semana llega el cambio de hora, que nos regala una hora más. Ideal para aprovecharla.
¿Por qué nos cuesta tanto decidir?
Tomamos decisiones constantemente. Algunas son pequeñas, casi automáticas. Otras pueden cambiar nuestra trayectoria profesional, nuestras relaciones o incluso nuestra forma de vivir. Y, curiosamente, cuanto más importante es una decisión, más nos cuesta tomarla.
Queremos elegir bien. Evitar errores. Anticipar consecuencias. Tener garantías. Y, sobre todo, estar seguros de que no nos arrepentiremos.
Pero hay un problema: buscamos certezas en un mundo que no nos las puede dar.
Un estudio publicado en 2025 en el British Journal of Clinical Psychology, aporta una explicación interesante. Los investigadores analizaron la relación entre la intolerancia a la incertidumbre y la indecisión, y encontraron evidencia experimental de que una mayor intolerancia a la incertidumbre puede aumentar las dificultades para decidir.
Es decir, el problema no siempre está en la complejidad de las opciones. A veces está en tu dificultad para aceptar que no puedes saberlo todo antes de elegir.
Y entonces aparece una paradoja: buscas más información para sentirte más seguro, pero esa búsqueda puede convertirse en una excusa para seguir aplazando la decisión.
Confundimos prudencia con parálisis. Reflexión con procrastinación. Y terminamos esperando una seguridad que probablemente nunca llegará.
No decidir también es una decisión. Y, a menudo, es la única que nos impide avanzar.
4 claves para decidir mejor
Decidir bien no significa acertar siempre. Significa aprender a elegir con criterio, incluso cuando no tienes toda la información. Porque el verdadero liderazgo personal no consiste en controlar lo que sucederá, sino en asumir la responsabilidad de elegir cómo quieres avanzar. Estas cuatro ideas pueden ayudarte a hacerlo.
1.
Pregúntate qué decisión está más alineada contigo
Cuando una decisión puede cambiar algo en tu vida, no basta con analizar ventajas e inconvenientes. También necesitas preguntarte qué es realmente importante para ti.
Antes de elegir, identifica qué quieres, tus prioridades y el tipo de vida que quieres construir. Después, pregúntate: ¿Qué opción encaja más conmigo?
Porque las mejores decisiones no son las que se toman de acuerdo con clichés, o con lo que otros esperan de ti, sino las que te permiten vivir con mayor coherencia contigo.
2.
No busques la opción perfecta
No busques la opción perfecta, busca una suficientemente buena
La decisión perfecta suele ser una ilusión. Siempre habrá información que desconoces, riesgos que no puedes anticipar y otras alternativas que parecen atractivas.
Define qué es realmente importante para ti, identifica dos o tres criterios esenciales y elige la opción que mejor responda a ellos.
3.
Pon fecha a tus dudas
Hay decisiones que requieren tiempo. Pero también hay dudas que crecen precisamente porque les das demasiado tiempo.
Establece un plazo razonable para informarte, reflexionar y decidir. Cuando llegue ese momento, deja de buscar argumentos para aplazarlo.
4.
Acepta que elegir también significa renunciar
Cada decisión abre una puerta y cierra otras. Y esa renuncia es la que lo hace especialmente difícil.
Uno de los grandes obstáculos para decidir es pensar que quizás mañana aparecerá una opción mejor. Es la paradoja de vivir rodeados de posibilidades: cuantas más tenemos, más difícil puede resultar elegir.
Es algo que ocurre en aplicaciones de citas como Tinder. Una investigación reciente demuestra que el exceso de perfiles reduce la disposición a aceptar posibles parejas. Y hemos llegado a un punto curioso: cuando pedimos distintas alternativas a ChatGPT, muchas veces el propio Chat termina indicando cuál elegiría. Son ejemplos sencillos de cuánto cuesta decidir a las personas.
Es necesario decidir, y aceptar que eso significa renunciar a otras opciones.
Decidir es avanzar
Tener más información, más posibilidades no hace más fácil decidir.
Porque nunca sabrás con absoluta certeza qué habría ocurrido si hubieras elegido otro camino. Como tampoco puedes garantizar que tus decisiones te lleven exactamente donde esperas.
Es una parte esencial del autoliderazgo: decidir con criterio, actuar con valentía y aceptar las renuncias.
Es imposible saberlo todo antes de decidir. Y toco aceptarlo. Deja de esperar certezas que no existen y empieza a confiar más en ti. Porque una buena decisión no es la “decisión perfecta”, sino la que eres capaz de tomar con convicción y hacerla funcionar después.
Esta semana te dejo End of the World, de Miley Cyrus, una canción para recordarnos que la vida sucede ahora, no cuando tengamos todas las respuestas.
Gracias por leerme. ¡Que tengas una feliz semana!
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