Ser imprescindible no siempre es una buena noticia
Hay algo bastante seductor en sentirse imprescindible.
Que te llamen cuando las cosas se complican. Que las personas con las que trabajas quieran saber qué opinas antes de decidir. Que tu jefe piense en ti cuando aparece un problema difícil. Que, cuando todo parece torcerse, alguien diga que tú tendrás la solución.
Reconozcámoslo: sienta bien.
Porque todos necesitamos sentir que aportamos, que nuestra presencia hace alguna diferencia.
El problema empieza cuando dejamos de ser importantes para convertirnos en necesarios.
El precio de ser imprescindible
Al principio apenas se nota.
Una decisión que prefieren consultarte. Una reunión a la que quizás no necesitabas asistir. Un problema que alguien podría resolver, pero que acaba en tu mesa porque tú tardas diez minutos y los demás, probablemente, una hora.
Y lo haces.
Y te hace sentir bien, porque eres quien lo resuelva mejor y más rápido.
Hasta que un día te das cuenta de que tienes demasiados temas, demasiadas reuniones y demasiados problemas que resolver.
¿Por qué será?
La investigación científica sobre autonomía y empowerment muestra que las personas se implican más cuando tienen espacio para decidir y actuar.
Y tiene bastante lógica: nadie aprende a decidir si siempre hay alguien que decide por él.
Ahí está una de las paradojas del liderazgo: cuanto mejor eres solucionando, más probable es que tengas que solucionarlo todo.
Tal vez tienes que cambiar algo
Si todo acaba pasando por ti, tal vez debes preguntarte por qué necesitan tanto y profundizar aún más: qué puedes hacer para que dejen de necesitarte tanto.
Porque resolver es genial, pero a veces hay que avanzar-
Cuando tu equipo espera tu respuesta antes de avanzar, cuando tu jefe sabe que puede recurrir a ti para cualquier urgencia, cuando estar disponible se convierte casi en parte de tu identidad profesional, merece la pena que te detengas.
No para dejar de aportar. Todo lo contrario.
Para empezar a aportar de otra manera.
¿Sabes que tienen en común los grandes líderes? Los grandes líderes que he conocido y con los que he trabajado no demuestran constantemente todo lo que son capaces de hacer. No, lo que hacen es conseguir que las cosas sucedan sin necesidad de que ellos estén en medio.
Y eso exige algo que a veces cuesta mucho más que trabajar más: confiar, soltar y aceptar que los demás también encontrarán su manera de hacerlo.
Que las cosas funcionen sin ti
Hay una dirección en la que merece la pena avanzar: conseguir que cada vez más cosas funcionen sin necesidad de que tú estés en medio.
En el trabajo, dejando espacio para que otros decidan, resuelvan y crezcan.
Y también en tu vida personal, donde puedes caer en la costumbre de ocuparte de todo, estar pendiente de todos y sentir que, si tú no lo haces, las cosas no funcionarán igual.
Porque ser imprescindible puede parecer una buena noticia hasta que descubres que no te permite parar, desconectar o simplemente ocuparte de ti.
Tal vez crecer también sea eso: conseguir que las cosas funcionen sin ti.
Recuerda
de vez en cuando,
deja de ser imprescindible para los demás
y empieza a serlo para ti.
Hoy te dejo esta canción – “la semana” – para darte las gracias por leerme. Ojalá esta semana encuentres algún espacio para no ser imprescindible y, simplemente, disfrutar. Feliz semana.
No sé tú, pero yo no tengo na’ mejor que hacer
Que quererte to’ los lunes
y comerte to’ los martes
repetirlo to’ los miércoles, jueves y viernes
piquito en todas partes
y en el fin de semana
nos vamo’ pa’ la playita
.
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