El año no empieza con objetivos,
empieza con una decisión
Semana de inicio de 2026.
Deseo que lo hayas empezado muy bien. Yo lo he hecho en los Pirineos, entre montañas nevadas, con mucha tranquilidad. Unos días de mini-vacaciones para recargar pilas y, sobre todo, para pensar. Porque pensar también es una forma de cuidarse. Ahora, casi lista para que empiece la “normalidad” del nuevo año.
En medio de todo ello, me descubro haciendo lo mismo que muchas personas hacemos en estos días: pensar en objetivos. Nuevos propósitos, nuevas metas, nuevas listas, con cierta presión por empezar bien.
Y entonces me pregunto ¿qué es empezar bien el año?
Por qué los objetivos no funcionan cuando no hay una decisión previa
Nos han enseñado que empezar bien el año es fijar objetivos claros.
Pero la psicología de la motivación lleva tiempo advirtiéndonos de algo importante: los objetivos, por sí solos, no sostienen el cambio.
La evidencia científica nos muestra que lo que marca la diferencia no es tanto qué te propones, sino desde dónde lo haces. La Teoría de la Autodeterminación, desarrollada por Edward Deci y Richard Ryan, demuestra que las metas solo se mantienen en el tiempo cuando están alineadas con una motivación interna y con valores personales, no cuando nacen de la presión externa o de la autoexigencia social.
Puedes leer el estudio original aquí:
https://selfdeterminationtheory.org/SDT/documents/2000_RyanDeci_SDT.pdf
Sin una decisión previa —consciente y honesta— los objetivos se convierten en ruido.
Empiezas el año queriendo hacerlo todo mejor, pero sin haber decidido qué es lo verdaderamente importante para ti ahora.
Ahí entran en juego las decisiones silenciosas:
qué vas a priorizar,
qué vas a dejar de sostener,
y qué vas a cambiar.
Decidir no es renunciar.
Es asumir, con conciencia, que toda elección tiene un coste: de tiempo, de energía, de atención.
Y hay que recordar que no decidir también es una decisión, aunque más inconsciente.
Elegir con conciencia: una cuestión de coherencia personal
Otro elemento clave es la coherencia.
Estudios sobre autorregulación muestran que cuando existe una brecha entre lo que dices que quieres y cómo organizas tu vida diaria, aumenta el malestar psicológico y la sensación de agotamiento. Un trabajo relevante en este ámbito es el de Baumeister y Vohs sobre la autorregulación y el uso limitado de la energía mental.
Cuando no decides, gastas energía constantemente eligiendo sobre la marcha.
Cuando decides, ordenas.
Y el orden reduce el desgaste.
Cuatro claves para decidir mejor desde el inicio del año
Si el año empieza con una decisión, no cualquier decisión sirve. No se trata de decidir rápido ni de decidir mucho, sino de decidir bien. Y decidir bien no tiene que ver con tenerlo todo claro, sino con escucharte mejor.
A menudo tomamos decisiones desde la inercia: desde lo que se espera de nosotros, desde lo que siempre hemos hecho o desde el miedo a quedarnos atrás. Por ello, te propongo cuatro claves para ayudarte a formular mejores preguntas.
1
Pregúntate qué etapa vital estás viviendo
No decides igual cuando estás cansado que cuando te sientes en expansión. No decides igual desde la necesidad de protegerte que desde el deseo de crecer. Y, sin embargo, muchas veces te exiges decidir como si siempre estuvieras en tu mejor momento.
Entender en qué etapa vital estás —de consolidación, de cambio, de pausa, de reconstrucción— es una cuestión previa necesaria.
2
Distingue lo importante de lo urgente
Lo urgente tiene una capacidad extraordinaria para imponerse. Interrumpe, reclama, presiona. Lo importante, en cambio, no suele levantar la voz.
Cuando no decides, lo urgente ocupa mucho espacio.
Cuando decides, empiezas a proteger lo importante. No porque sea fácil, sino porque reconoces su valor a largo plazo.
Este inicio de año puede ser una oportunidad para revisar a qué le estás dando tus mejores horas, tu mejor energía, tu mejor atención. Y preguntarte con honestidad si eso refleja realmente tus prioridades o solo tu disponibilidad constante.
Decidir es, en gran parte, aprender a no reaccionar a todo.
3
Asume el coste sin dramatizarlo
Priorizar implica decir no. Y decir no incomoda.
Toda decisión tiene un coste. La diferencia está en si lo asumes conscientemente o lo pagas sin darte cuenta. Cuando no decides, el coste suele aparecer en forma de cansancio, resentimiento o sensación de estar siempre llegando tarde a ti.
Asumir el coste sin dramatizarlo es aceptar que no puedes estar en todo, pero sí puedes estar mejor en lo que elijas.
4
Alinea tu decisión con cómo quieres vivir, no solo con lo que quieres lograr
Los objetivos hablan de resultados: cifras, hitos, logros. Las decisiones, en cambio, hablan de identidad. De cómo quieres vivir, relacionarte, trabajar y cuidarte.
Puedes alcanzar objetivos muy ambiciosos y, aun así, sentirte desconectada de tu vida. Porque lo que sostiene el bienestar no es solo lo que consigues, sino cómo lo haces y desde dónde.
Este inicio de año puede ser un buen momento para revisar si tus decisiones reflejan la persona que quieres ser, no solo la que quiere llegar más lejos.
Porque, al final, el año no empieza con una lista de objetivos.
Empieza con una decisión que tenga sentido para ti.
Empezar bien el año probablemente es empezarlo así ….
quizás no sea arrancar con más objetivos, más planes o más exigencia.
quizás empezar bien el año sea algo mucho más sencillo y, a la vez, más profundo:
atreverte a decidir con honestidad qué va primero en tu vida ahora.
Empieza por ahí.
A veces, empezar bien no es empezar fuerte,
sino empezar por lo primero para ti
Hoy te dejo una canción preciosa para darte las gracias por leerme y desearte un feliz inicio 2026
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