“Qué bien: eres normal”

La normalidad como elogio

 

Ha sido una semana triste. Una de esas semanas en las que la realidad te muestra cómo todo puede cambiar en un segundo, en la que hemos estado pendientes de la tragedia ferroviaria de Adamuz.

Mientras, la vida sigue. Sesiones de coaching, un proyecto nuevo precioso, muchas horas frente al ordenador… y fin de semana en Zaragoza, de esos que te bajan el volumen de la semana.

En medio de todo eso, mi reflexión de hoy gira en torno a una pregunta:

¿cómo te tomas que alguien te diga:

   “qué bien, eres normal”?

Porque depende del tono, del momento y de quién lo diga, esa frase te puede sonar a etiqueta, a algo negativo, o …. a algo bonito.

Puede ser una forma de decirte: contigo se está bien.

Y eso, hoy en día, es un elogio.

 

Valorar lo normal   

Durante años hemos confundido lo extraordinario con lo valioso.

Nos han hecho creer que para ser interesante tienes que destacar, tienes que demostrar, tienes que sobresalir…

Y, tal vez, todo eso no es así. Tal vez, está bien ser normal.

Ser “normal”, en el mejor sentido: el de ser una persona coherente, estable, alguien que no necesita impresionar para existir, alguien que no convierte cada conversación en una competición.

 

¿Por qué lo normal se ha vuelto tan raro?

Vivimos rodeados de estímulos, opiniones, expectativas y ruido.

Hay ruido en lo profesional  “haz más, logra más, sé más”

Ruido en lo personal  “no te quedes atrás, no te conformes, no pares”

Ruido en las redes  “sé brillante, sé feliz, sé perfecta… y además que parezca fácil”

Y todo ello hace que aparezca una fatiga invisible: esa sensación de que siempre estás llegando tarde a una versión mejorada de ti.

Y yo creo que hay que romper con esas imposiciones externas.

A veces lo “normal” es lo que más necesitas.

Porque cuando el mundo está acelerado, el verdadero lujo es la calma.

Y cuando todo el mundo intenta destacar, lo más valiente puede ser… no hacerlo.

 

Situaciones en las que “quiero a alguien normal” es un deseo

Hay una frase que he oído repetir muchísimo: “yo sólo quiero a alguien normal”.

¿Te has fijado? La he escuchado en ámbitos y situaciones muy diferentes.

Hay contextos donde “quiero a alguien normal” suena inocente… pero lleva subtítulos.

Y tú los entiendes rápido.

En pareja / citas   

Alguien con quien sea fácil hablar, reír, construir… sin historias raras.

En un equipo de trabajo  

Alguien que sume, que coopere, que entienda el ritmo del grupo sin necesidad de imponer.

En amistades   

Alguien que esté presente sin dramatizar, que acompañe sin desbordar.

En liderazgo  

Alguien que lidere desde la calma, con criterio, sin necesidad de protagonismo.

En redes sociales  

Alguien real, sin filtros, sin vender una vida perfecta.

 

La normalidad de una persona que se muestra como es.

 

Tres claves para una normalidad auténtica

Si, como yo, consideras un elogio ser “normal”, aquí van tres prácticas concretas, sencillas y cotidianas para vivir esa normalidad.

 

1

Simplifica

Deja de complicarte la vida con exigencias innecesarias, planes que no te apetecen o tareas que podrías hacer de forma más simple.

La normalidad auténtica no necesita hacer muchas cosas: necesita espacio.

Ejemplo práctico: esta semana, elige una cosa que puedas simplificar (una reunión más corta, una comida más fácil, decir “no puedo” sin justificarte). Verás cómo baja la presión.

 

2

Elige relaciones donde puedas ser tú sin esfuerzo

Cuida los vínculos donde no tengas que demostrar, agradar ni actuar.

La gente con la que puedes ser normal —de verdad— es la que te devuelve calma, no tensión.

Ejemplo práctico: Haz un pequeño “filtro” en tu agenda social: esta semana, elige un plan solo porque te apetece (no por compromiso). Y observa: con quién se siente fácil, y con quién sientes que tienes que estar “a la altura”.

 

3

Cuida tu energía como si fuera tu recurso más valioso

Trata tu energía como algo limitado y valioso: no se trata de hacer más, sino de no vaciarte. Ser normal también es saber parar a tiempo.

Ejemplo práctico: antes de decir que sí a algo, pregúntate: “¿Esto me suma o me drena?” Si te drena, negocia una versión más pequeña (media hora en vez de dos, mañana en vez de hoy, o simplemente no).

 

Esta semana -con la tristeza de fondo por lo ocurrido en Adamuz- nos recuerda lo esencial: que la vida es frágil, que no tenemos el control y que, al final, lo que importa no son las apariencias.

La normalidad es el nuevo lujo: tener una vida en la que no necesitas aparentar.

Así que, ya ves, rodéate de personas con las que puedes ser tú. Porque puede que las personas “normales” sean tu lugar seguro, donde encuentras tu mejor versión y donde te sientes más a gusto.

Quédate con quien haga fácil tu vida.

Puede que este sea el verdadero mensaje de la semana:

lo extraordinario está sobrevalorado

lo auténtico, no

Así que, si alguien te dice “qué bien: eres normal”, podrás sonreír sin dudarlo… porque sabrás que lo auténtico no necesita ser extraordinario.

 

 

Gracias por leerme un día más, hoy te traigo “lugar seguro”, una canción que me encanta, para desearte una feliz semana.

 

 

Te estás volviendo mi lugar seguro …