Septiembre no empieza hoy

 

He empezado septiembre con energía, está siendo un sin parar. Proyectos que siguen, nuevos retos, reuniones, ideas que llevaba tiempo queriendo poner en marcha y una agenda muy llena para los próximos meses.

Y me gusta. Me gusta esta sensación de movimiento que tiene septiembre. De volver a empezar. De estrenar nuevo curso. Porque septiembre es momento de nuevos inicios.

Volvemos de vacaciones, recuperamos rutinas, ordenamos agendas y pensamos en todo aquello que queremos hacer durante los próximos meses.

 

Septiembre nos invita a empezar de nuevo

Septiembre es la vuelta a la normalidad. Probablemente, por ello también es uno de esos momentos del año en los que volvemos a pensar en nuestros proyectos y objetivos.

Un mes de pensar

qué queremos conseguir

qué queremos cambiar

dónde queremos estar en un tiempo.

El problema -o, tal vez, la realidad- es que, unas semanas después, la agenda se llena, aparecen imprevistos, lo urgente desplaza a lo importante y muchos de esos objetivos empiezan a quedar atrás, a quedar en una lista de temas para ‘más adelante’…

Es algo muy frecuente. Y, como ocurre tanto, me pregunto:

el hecho de estar haciendo muchas cosas ¿significa realmente que estás avanzando?

Y coincidirás conmigo en que no siempre.

 

La trampa de los nuevos comienzos

Nos gustan los nuevos comienzos. Enero, septiembre, …

Hay algo estimulante en pensar que tenemos delante una página en blanco. Ese momento en el que haces listas, defines objetivos, compras agenda nueva, abres un excel …

Pero creo que hay un error de planteamiento en cómo lo hacemos: nos olvidamos de que un objetivo escrito no cambia nada por sí solo. Lo que cambia las cosas es lo que hacemos después.

Y probablemente ahí esté una de las grandes diferencias entre tener objetivos y avanzar hacia ellos.

Porque puedes tener perfectamente claro dónde quieres llegar y, sin embargo, seguir tomando cada día decisiones que te llevan exactamente al mismo lugar en el que ya estás.

Por ello, este septiembre puede ser un buen momento para pensar menos en añadir nuevos objetivos y más en qué vas a hacer diferente para conseguirlos.

 

Avanzar hacia tus objetivos

Probablemente ya tienes muy claro qué quieres. Ahora lo importante es conseguir que tus decisiones cotidianas apunten en esa dirección. Porque los objetivos señalan hacia dónde quieres ir, pero son tus elecciones cotidianas las que deciden dónde acabas llegando. Te sugiero tres ideas que pueden ayudarte.

 

1.

Decide qué NO vas a hacer

Cuando piensas en tus objetivos, sueles preguntarte:

¿qué tengo que hacer para conseguirlo?

Tal vez deberías añadir otra pregunta:

¿qué voy a dejar de hacer para que sea posible?

Porque tu tiempo, tu atención y tu energía son limitados.No puedes añadir nuevos proyectos, nuevos retos y nuevas prioridades a una agenda que ya estaba llena.

Porque cada sí ocupa un espacio. Y cada objetivo importante necesita uno.

Por eso, priorizar no consiste únicamente en decidir qué es importante. Consiste también en aceptar que algunas cosas tendrán que dejar de serlo.

Todo objetivo necesita espacio. Y crear espacio implica renunciar.

 

2.

Cambia objetivos por decisiones

“Quiero hacer más deporte.”

“Quiero impulsar mi carrera.”

“Quiero dedicar más tiempo a lo que me motiva.”

“Quiero aprender algo nuevo.”

Son buenos objetivos, pero todavía están lejos de tu realidad. Hay una pregunta sencilla que debes plantearte:

¿Qué decisión concreta implica este objetivo?

“Quiero aprender algo nuevo” puede convertirse en reservar dos horas cada miércoles.

“Quiero impulsar mi carrera” puede convertirse en mantener una conversación que llevo meses posponiendo.

“Quiero dedicar más tiempo a lo que me motiva” puede significar bloquear una mañana a la semana para trabajar exclusivamente en él.

Cuando un objetivo se convierte en una decisión, empieza a suceder algo.

Y cuando esa decisión encuentra un lugar en tu agenda, todavía más.

Porque lo que quieres conseguir habla de tus intenciones. Lo que pones en la agenda habla de tus prioridades.

 

3.

Busca compromiso, no motivación

Septiembre suele venir acompañado de motivación.

El problema es que la motivación es una excelente compañera para empezar, pero no siempre para continuar. Y cuando aparecen las semanas intensas, cuando aparecen otras prioridades, momentos en los que no tendrás las mismas ganas que tienes ahora…  ahí es donde muchos objetivos se detienen.

Por eso creo cada vez más en algo mucho menos espectacular que la motivación: el compromiso.

Dar un paso. Aunque sea pequeño. Y después otro. Y no plantearte si lo dejas, mantenerte ahí.

Porque cada pequeño avance te reafirma en tu compromiso y te acerca a lo que quieres.

 

Tu curso empieza cuando tú empiezas

Así que quizás septiembre no empiece hoy. Ni empezó el día 1. Ni empieza exactamente cuando terminan las vacaciones.

Tu nuevo curso empieza cuando dejas de pensar únicamente en lo que quieres conseguir y tomas la primera decisión que te acerca a ello.

Y esa decisión puede ser hoy, puede ser un domingo cualquiera… no necesitas una fecha perfecta para empezar, necesitas una primera acción.

Así que, si tienes varios objetivos para este nuevo curso, es un buen momento para preguntarte ¿Qué voy a hacer diferente hoy para acercarme a ello?

Porque los nuevos comienzos no tienen fecha, tienen una primera decisión.

 

 

Gracias por leerme un día más. Hoy te regalo esta canción -que ha sonado esta mañana en el coche y que me encanta- para desearte una feliz semana y que encuentres tiempo para avanzar hacia lo que de verdad te importa.

 

 

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