El poder de las palabras

 

En algún lugar leí que si habláramos a los demás como nos hablamos a nosotros mismos, no tendríamos amigos. Y posiblemente sea cierto… el lenguaje que utilizamos con nosotros mismos es terriblemente duro.

Un ejemplo: esa expresión de “soy imbécil” cuando nos equivocamos.

O cuando haces un trabajo en el que todo va muy bien, excepto un pequeño detalle. ¿Qué haces? ¿Te alegras y te felicitas por el éxito de todo lo que ha ido bien? ¿O no dejas de darle vueltas a ese pequeño detalle? ¿Por qué no lo hice de otro modo? Y no dejas de castigarte mentalmente por ello.

A lo largo de un día cualquiera, solemos decirnos palabras como “esto no me queda bien”, “qué mala cara tengo hoy”, “no sirvo para nada”, “estoy fatal”, ….

A todos nos pasa, somos extremadamente crueles con nosotros mismos.

 

Cuida cómo te hablas

Las palabras tienen un poder mayor del que imaginas.

Por ello, hay que tener cuidado con las palabras que te dices.

El poder del lenguaje es enorme. Ya escribí sobre ello, hace unos años, al hablar sobre el libro “La ciencia del lenguaje positivo” de Luis Castellanos, Diana Yoldi y José Luis Hidalgo.

El lenguaje está ligado a las emociones e impacta directamente en tu vida.

Las palabras que utilizas envían mensajes a tu cerebro.

Tal y como han demostrado los estudios de los neurocientíficos Andrew Newberg y Mark Robert Waldman, las palabras negativas hacen que liberemos cortisol, la hormona del estrés. Ello implica que adoptar una actitud negativa y usar un lenguaje basado en expresiones como ‘no puedo’, ‘fracaso’ o ‘es imposible’ puede debilitar la salud física y mental de una persona.

En 2001, el Dr. David A. Snowdon (neurólogo) publicó un estudio basado en la vida de 678 monjas de edades entre 75 y 103 años, que vivían en el mismo Convento de las Hermanas de Notre Dame (Mankato, Minnesota). Todas ellas tenían similares hábitos de vida, la misma asistencia sanitaria y alimentación, … y buscaron las diferencias que caracterizaban a las más longevas.

Cuando el equipo de investigación encontró, en los archivos del convento, las pequeñas autobiografías que ellas escribieron explicando sus motivos personales para tomar los hábitos, comenzaron a detectar diferencias entre ellas. Los expertos analizaron entonces sus escritos, sus contenidos verbales, la densidad de sus ideas, el número de expresiones emocionales utilizadas y su intensidad, y hallaron que el hecho de escribir un mayor número de palabras positivas se asociaba a una mayor longevidad. Las monjas más longevas utilizaban cuatro veces más expresiones positivas en sus escritos que la media.

El impacto de las palabras en ti es claro, y está demostrado en el ámbito médico. Si te interesa el tema, te invito a ver una conferencia de Mario Alonso Puig, en la primera parte explica el impacto que tiene la actitud negativa en el cuerpo:

 

 

Como explica el Dr. Mario Alonso Puig, cuando una persona vive angustiada, asustada o en un estado de desesperanza, ese estado de ánimo negativo bloquea el área prefrontal del cerebro -una parte fundamental para vivir con normalidad- y hace que se activen las amígdalas -puesto que detecta una situación de peligro- y se activa el eje de alarma del cerebro. Esa activación afecta a todo el cuerpo, como él explica muy bien.

Y nos recuerda al gran Santiago Ramón y Cajal, médico y Premio Nobel de Medicina en 1906, quién nos mostró la neuroplasticidad:

“todo ser humano, si se lo propone, puede ser el escultor de su propio cerebro”

Por ello, con todo lo que nos muestra la ciencia, nos invita a esquivar los estados de ánimo negativos, a través de 2 consejos:

1 – enfócate en lo bueno que hay en ti, no te enfoques en lo malo

2 – usa el lenguaje de una forma positiva, porque “la mente del ser humano es una mente lingüística”. El lenguaje no solo describe la realidad, sino que la genera y acaba influyendo en la gestión de tu cuerpo.

 

Como dice mi querida amiga Diana Orerosomos las historias que nos contamos”, lo explica en su libro “Todo cuenta”:

“No hay palabras inocentes y no deberíamos ser inocentes al escogerlas”

 

“Las personas se convierten en los relatos que escuchan y en los relatos que cuentan”

 

“Las historias que nos contamos no cambian la realidad, pero si la percepción de la realidad”

 

“No es lo mismo contar una historia desde la herida que desde la cicatriz.”

 

Encuentra las palabras adecuadas para ti

Encuentra las palabras adecuadas para decirte a ti mism@.

Toma consciencia de cómo es tu lenguaje interno, escúchate y verás como te sorprendes de la dureza de tus palabras.

Busca construir un mejor relato de tus experiencias, busca palabras positivas y esfuérzate por incorporarlas a tu lenguaje interior. Es cuestión de esforzarte en cambiar, fuérzalo hasta que se convierta en un hábito y lo hagas instintivamente.

Y cuando hayas conseguido incorporar ese lenguaje positivo a tu vida, disfruta de las ventajas que te va a aportar.

 

Cambia tu lenguaje interno…

aunque la vida te llene de cicatrices… míralas en positivo,

te aseguro que es posible,

no te digas “ojalá lo hubiese hecho diferente”

mejor “ya sé cómo lo haré la próxima vez”

 

 

No encuentro palabras

Hace días traigo algo que decir
y si lo sigo ocultando… creo que no podré vivir 

 

 

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