Vivimos en un mundo que cambia de una forma y a una velocidad como nunca lo había hecho antes. Se calcula que los conocimientos se actualizan cada 14 meses y que el conocimiento mundial se duplica prácticamente cada año. Visto así, nos enfrentamos a un mundo nuevo casi cada año…

En un mundo tan cambiante,
la habilidad de adaptarse al cambio
es más importante que la experiencia
Daniel Goleman

 
Y para enfrentarnos a un mundo nuevo con tanta frecuencia, se necesita otra mirada,  nuevas habilidades… porque las mismas que utilizábamos en el pasado ya no sirven para gestionar los retos actuales. Si nos enfrentamos a nuevos problemas, a nuevas situaciones… es evidente que vamos a necesitar una “capacidad adaptativa” superior a la que necesitaríamos si el mundo no cambiara. No se trata de inventar nuevas habilidades, se trata de reconocer la importancia de ciertas capacidades, que en otras épocas no eran necesarias como ahora. Por ello, el mundo de la educación ha incorporado nuevas competencias como obligatorias, entre las que destacan la de “aprender a aprender” y la competencia emprendedora. No por el hecho de ser menos conocidas que la habilidad matemática o la habilidad lingüística, por poner dos ejemplos, son menos importantes.
La OCDE ha publicado varios informes en los que expone la necesidad de formular estrategias para mejorar las habilidades en España (“OECD Skills Strategy Diagnostic Report Spain 2015” y “OECD Skills Outllok 2015”) como primer paso imprescindible para mejorar la economía española, una economía que muestra claros signos de recuperación, pero donde se mantienen abiertos problemas tan importantes como la tasa de paro más elevada de la OCDE –para adultos y para jóvenes- o un nivel de renta todavía inferior al que tenía en el año 2007.
También en el Foro Económico de Davos 2016, a través del informe “Future of Jobs Report”, se expuso cómo están cambiando las habilidades que buscarán las empresas, señalando que las tres habilidades más demandadas en 2020 van a ser  la “resolución de problemas complejos”, el “pensamiento crítico” y la “creatividad”. Nuevas habilidades que podrían sintetizarse en una frase recogida en el estudio publicado por PwC “Trabajar en 2033”:
“los trabajadores del futuro serán más independientes, infieles, internacionales y emprendedores”.
La afirmación no debería sorprendernos, ya que en un entorno en el que todo cambia, son necesarias nuevas habilidades que permitan la adaptación al cambio, y que pasan necesariamente por permitir a los trabajadores un mayor grado de independencia y de espíritu emprendedor. Cuando el entorno cambia, las personas deben ser capaces de adaptarse a esa transformación.

La supervivencia de un organismo
depende de que su tasa de cambio
sea igual o mayor a la de su entorno
Reg Revans

 
Los cambios que se producen en nuestro entorno y la velocidad de los mismos afectan a las organizaciones. La esperanza de vida de las empresas ha caído de forma significativa, y si hemos visto celebrar los 100 años a algunas empresas, sabemos que en la actualidad la esperanza de vida de una empresa es de apenas 12 años-.  Las empresas que son líderes de mercado pierden ahora más rápidamente sus posiciones, los ciclos de vida de los productos en muchas industrias se han acortado y los modelos de negocio cambian muy deprisa.
La supervivencia de las empresas depende de muchos factores -sabemos que tiene que ver con cambios en la demanda, cambios en la competencia, errores humanos, gestión del cambio y que correlaciona con la propia edad de la empresa y con su tamaño-  pero, sin duda, un aspecto fundamental son las personas que forman la organización. Ante cualquiera de los aspectos señalados, la capacidad de anticipación y de reacción de las personas será la que marque la diferencia para la empresa.  Los directivos de la organización deben ser capaces de captar qué está ocurriendo en su entorno y de responder a los cambios que se produzcan. Cuando nadie sabe qué es lo que va a suceder, es esencial la habilidad de adaptación y de tener iniciativa, en otras palabras, es básica la “habilidad emprendedora”.
La habilidad de tener sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor consiste en  desarrollar la capacidad de la persona para transformar las ideas en actos. En nuestro mundo VUCA, hay que convertir ideas en actos, y hacerlo de inmediato, o de otra forma en este entorno donde las cosas suceden tan deprisa, la competencia se nos adelantará o las circunstancias nos dejarán en “fuera de juego”. De ahí la importancia de desarrollar una habilidad que requiere de capacidades personales como la creatividad, la disposición a la innovación, a la asunción de riesgos, la autoconfianza, el trabajo en equipo y la capacidad de planificar y gestionar proyectos para alcanzar objetivos.
No podemos obviar la necesidad de crear, innovar y emprender para añadir valor a nuestra actividad profesional. La habilidad emprendedora es una de las nuevas habilidades a desarrollar en nuestro mundo líquido. Tener iniciativa emprendedora significa reconocer nuestra responsabilidad para hacer que las cosas sucedan. Supone contribuir a encontrar soluciones a los problemas que se plantean cada día y buscar oportunidades ante los cambios. Porque emprender es una actitud ante la vida… y la habilidad emprendedora es un activo estratégico esencial para el crecimiento personal, empresarial y social.
Artículo publicado en RRHH Digital.