Cuando decidí iniciar mi trabajo de doctorado sobre invertir en educación, y me propuse trabajar en analizar cuáles son los modos más efectivos para potenciar la competencia emprendedora en los alumnos (una nueva competencia, introducida en educación en el año 2006, al menos formalmente), pensaba en que mi trabajo versaría sobre formación universitaria.
Sin embargo, mi primera sorpresa fue descubrir que para potenciar el espíritu emprendedor, el mejor momento no es la universidad. Ni tampoco la educación secundaria. El momento más determinante para conseguir desarrollar la habilidad emprendedora es la primera infancia. Igual como sucede con cualquier otra habilidad.
Debo reconocer que esto desmontó todos mis esquemas iniciales. ¿Es posible que el momento más adecuado para fomentar una habilidad en una persona sea cuando es un niño de entre 0 y 6 años? La bibliografía es clara: los primeros años de la vida de un niño “son decisivos para la génesis de las aptitudes cognitivas, mientras que la adolescencia es una etapa importante para la génesis de aptitudes no cognitivas”. Las medidas que se aplican en los primeros años de los niños son mucho más efectivas que las tardías. Todo lo que no hayamos hecho en la etapa infantil de un alumno, requerirá un esfuerzo muy superior cuando el alumno sea mayor.
Los trabajos de investigación científica de los últimos años han demostrado los beneficios de una educación temprana de calidad. La educación temprana de un niño es un potente indicador del nivel profesional y social que alcanzará ese niño. Nos guste o no, es determinante.
Por ello, los gobiernos de muchos países están impulsando medidas de mejora de la educación temprana. El Financial Times publicaba esta semana que la ONU busca garantizar que en el año 2030 todos los niños tengan acceso a un desarrollo de calidad en la primera infancia, incidiendo especialmente en la educación pre-primaria.
¿Por qué desarrollar la habilidad emprendedora de un/a niño/a?
¿Niños emprendedores?
Tal vez te suene extraño. Sé que, a priori, hablar de potenciar el sentido emprendedor suena a querer crear futuros empresarios. Pero no es así. Se trata de desarrollar una habilidad que contribuye al éxito profesional y social de las personas. Se trata de potenciar la habilidad por la que una persona es capaz de convertir las ideas en actos.
Sabemos que debemos potenciar el desarrollo de habilidades. El informe de la OCDE “OECD Skills Strategy Diagnostic Report – Spain 2015” aborda específicamente este tema, señalando que “las habilidades deben ser la base sobre la que se sustente el futuro crecimiento y prosperidad de la sociedad“.
Y es que España está mostrando signos de recuperación económica, pero continúa sufriendo graves problemas, como la tasa de paro más elevada de la OCDE, tanto para adultos como para jóvenes. A pesar de que ha aumentado el nivel de formación de las personas, en el momento de la incorporación en el mercado laboral, aparece un importante gap entre las habilidades necesarias para desenvolverse bien en el trabajo, con las habilidades adquiridas en el período educativo.
Por ello, la OCDE recomienda mejorar el desarrollo de habilidades como punto imprescindible para conseguir crecimiento. Y, para ello, considera necesario:

  • ofrecer más formación a los profesores en este ámbito para que puedan mejorar la implementación en las aulas.   Este punto es muy importante porque diversos estudios han demostrado la influencia que tienen los profesores en la educación de los niños. El investigador Raj Chetty (Harvard University) ha analizado los factores que influyen en el denominado “ascensor social”, llegando a la conclusión de que el gran factor para el ascenso social no son los años de educación, sino la calidad de esa educación, y el principal factor de calidad son los profesores. Ha comprobado que el éxito en la vida depende en gran parte de si tuviste buenos profesores. Por tanto, la formación del profesorado no es un hecho menor.
  • Incrementar el nivel de formación en las empresas “on-the-job-training“, que considera insuficiente, en comparación al nivel de formación continua que se realiza en otros países. La necesidad de actualizarse siempre es vital en nuestra sociedad.

Por tanto, desarrollar habilidades es necesario, y debe hacerse a lo largo de toda la vida.
Sin embargo, el momento más crucial es la primera infancia. Dentro de las habilidades (“skills“) a desarrollar, la habilidad de tener sentido de la iniciativa ocupa un lugar destacado. Y es que es una habilidad que no solo fomenta la creación de empresas, sino que también mejora las posibilidades de ocupabilidad de las personas que la poseen y su desarrollo social. Si queremos lo mejor para nuestros niños, debemos potenciar el desarrollo de la habilidad emprendedora.
Y, ¿en qué consiste? El desarrollo de la habilidad emprendedora en los niños no ha sido todavía abordado de forma general. Existen diversos enfoques que se están implementando actualmente. Mi opinión personal, fundamentada en los diversos estudios realizados por James Heckman,  Eric A. Hanushek y Henry M. Levin, es que debe pasar por fomentar aspectos tan necesarios como:

  • el desarrollo de la creatividad,
    dejemos que hagan cosas, …no les impongamos condicionantes artificiales. ¿Cuántas cosas se han creado que hace unos años habríamos considerado imposibles? Todo se crea porque alguien lo ha imaginado antes.Y el estímulo a la creación no debe venir sólo de la escuela, porque también educamos en casa, como padres: estimular a dibujar, a cantar o a cocinar … cualquier forma de creación es bienvenida.
  • potenciar el sentido de la iniciativa,
    hacer que las cosas pasen. Para ello, es muy importante mantener el deseo innato del logro que tienen los niños. Más que potenciar un aspecto, se trata de no apagarlo. Porque los niños tienen un sentido de la iniciativa bastante más potente que los adultos. El problema es, precisamente, que anulamos ese sentido de la iniciativa, muchas veces para evitarles peligros que ellos no son capaces de anticipar.
  • mejorar su capacidad de comunicación con los demás, un aspecto fundamental en el futuro profesional de cualquier persona, al que no se ha dado importancia durante mucho tiempo. He comprobado cómo los niños más pequeños son enormemente comunicativos, su actitud dentro de un grupo suele ser participativa y expresiva. Sin embargo, ya en las edades de secundaria, desaparece gran parte de esa capacidad de comunicación y son mucho más reacios a expresarse en grupo. Está claro que ello no favorece su desarrollo, por lo que se debe mantener la seguridad en su capacidad de expresión y ofrecerles herramientas que les den confianza cuando su entorno va cambiando;
  • ofrecerles una base de inteligencia financiera que se ha demostrado necesaria -especialmente tras los escándalos que se han producido en los últimos años, como los abusos a clientes de entidades financieras con la colocación de preferentes, o las hipotecas que se han concedido sin que muchos clientes fueran conscientes de lo que estaban firmando-;
  • enseñarles a  planificar y gestionar proyectos con el fin de conseguir objetivos. Este es un aspecto enormemente estimulante para los niños, ya que gestionar un proyecto y conseguir el objetivo marcado les confiere una mayor nivel de autonomía y de satisfacción.

Trabajar la habilidad de tener iniciativa y espíritu emprendedor requiere, pues, de muchas destrezas. El hecho de trabajarlo desde una perspectiva transversal hace necesario tener una visión clara de los objetivos que se pretenden. Aunque pueda parecer curioso potenciar el sentido de la iniciativa, está claro que es una de las habilidades que van a necesitar. Según como se mire, no es tan extraño.  Si los niños van a vivir en una sociedad en la que nada es seguro… mejor darles herramientas para que todo sea posible.